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Actualidad Tras el crimen de Katherine

Así es Monte Hermoso, el pueblo de las aguas vivas y el horror

Luego del asesinato de Katherine Moscoso, este pueblo costero vive sus horas de mayor conmoción en los últimos años. Cómo es esta ciudad balnearia que en la última década crece a lo largo y a lo ancho.

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Fuego en la municipalidad y en la comisaría. La muerte de la adolescente Catherine Moscoso, con el posterior linchamiento y las movilizaciones que derivaron en una decena de incidentes por los que ya hay cuatro detenidos reflejan una imagen opuesta a la que existe de Monte Hermoso, una ciudad balnearia familiar, que año tras año recibe más de 100.000 turistas entre diciembre y marzo. La convulsión que vive la peatonal y sus cuadras principales durante el verano, poco se le parece a la conmoción que se vive por estas horas en esas calles, mezcla de médanos con pavimento.

Según el último censo, Monte Hermoso tiene menos de 7.000 habitantes. Sin embargo, los propios habitantes y trabajadores de la ciudad destacan que en los últimos años el crecimiento fue “enorme”. No sólo en población, sino también en cantidad de viviendas. “Monte Hermoso creció para todos lados y también en profundidad, sobre todo desde 2009”, destaca Federico Diez Andersen. Aunque no vive en la ciudad, se desempeñó como guardavidas durante una década y conoce de punta a punta Monte Hermoso.

Un día de otoño en Monte Hermoso. 

La avenida Intendente Majluf actúa como un gran distribuidor. Por esa arteria se llega al centro de la ciudad, donde se encuentra la peatonal, de sólo tres cuadras, que desemboca en la playa. La ciudad mantiene una estética clásica: avenida principal, plaza, el edificio de la Municipalidad y a poco menos de 200 metros, el Casino. Hacia el Oeste se encuentra el barrio de los Pescadores, una zona de médanos, con una avenida de arena que lleva hacia el Faro Recalada, el principal atractivo turístico de Monte. Camionetas de alta gama y jeeps destrozados forman parte del paisaje habitual en esa zona. De playas muy amplias y aguas en las que suele haber aguas vivas (aunque en los últimos años no se las ve tanto), es una de las pocas playas argentinas desde donde se puede ver el atardecer. Aguavivas y atardeceres en la playa, dos clásicos históricos de Monte. 

El Faro Recalada está ubicado en el barrio de los Pescadores.

“Convulsión” es la palabra ideal para describir a Monte Hermoso por estos días. Más allá de la conmoción que se vive por estas horas, se trata de una ciudad que vive un movimiento constante hace años. El crecimiento de la última década se observa en pequeños detalles: la cantidad de guardavidas que trabajan entre diciembre y marzo. Hace poco más de 10 años eran alrededor de 15, mientras que hoy ya suman 55. “Esto tiene que ver con el crecimiento del turismo: por temporada llegan más de cien mil personas. La construcción y el comercio también crecieron en los últimos años”, destaca Diez Andersen.

El Este, en cambio, es la zona de mayor dinero. Allí se encuentra, por ejemplo, el tradicional camping Americano, con una extensa trayectoria en Monte Hermoso, donde una cabaña puede llegar a costar más de $ 1.600 por noche. Es la zona más cara de la ciudad.

A la zona más marginal de este balneario de la Costa Atlántica situado a 106 kilómetros de Bahía Blanca la llaman Barrio Fonavi. En esa zona vivía la abuela de la adolescente asesinada la semana pasada. “Es una zona picante, muy caliente”, la describen los habitantes. Se encuentra cerca del ingreso, donde finaliza la Ruta provincial 78, que conecta a Monte Hermoso con la Ruta 3. Muy cerca de esa zona se encuentra el hospital Ramón Carrillo.

La construcción en Monte Hermoso se multiplicó en los últimos años.

En su libro Cámara Gesell, el periodista y escritor Guillermo Saccomanno retrata la vida en una ciudad balnearia, con las dificultades y la falta de alternativas sociales, políticas y económicas que eso representa. Algo de eso se vive por estas horas en Monte Hermoso. Un pueblo convulsionado, una ciudad semi vacía, alejada de las imágenes veraniegas con familias disfrutando de la playa. Un otoño agitado, convulsionado, donde el frío arde.