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Campamento para futuros científicos: los que mañana serán Nobel

BigBang compartió varias jornadas con adolescentes argentinos y chilenos de entre 14 y 18 años, todos vinculados a la ciencia, la tecnología y las matemáticas. ¿El objetivo? Formarlos para que sean la nueva camada de científicos. Fue en la isla de Chiloé.

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Hay que recorrer un camino de una hora y media sobre una ruta sinuosa, mezcla de piedra con tierra. Antes, hay que viajar en un vuelo desde Santiago de Chile hasta la Isla de Chiloé. Un trayecto de avión de varias horas con un objetivo claro, aunque variable y por momentos incierto, para responder una pregunta para la cual ni los más expertos encuentran una respuesta única: ¿qué es la ciencia?

Cuarenta adolescentes de entre 14 y 18 años de Argentina y Chile participaron de un campamento científico en el Parque Nacional Tantauco con el objetivo de avanzar en su formación, en un proceso previo al ingreso a la universidad. Y BigBang los acompañó.

Se trata de una serie de actividades que se prolongan por diez días. El Parque Nacional Tantauco –propiedad, en parte, del ex presidente de Chile Sebastián Piñera– es el destino. El suelo de ese terreno que se extiende por más de 118.000 hectáreas en el sur chileno es el área de investigación de los jóvenes que en un futuro no muy lejano se convertirán en la próxima camada de científicos.

Son 25 chilenos y 15 argentinos que entre agosto y septiembre pasado se postularon entre más de 300 chicos para participar de las actividades organizadas por la fundación Ciencia Joven y el laboratorio Bayer.  Es el quinto año consecutivo que se hace la actividad, pero es primera vez que asisten chicos argentinos. 

Las actividades son variadas: desde talleres de ciencia básica, que tienen el objetivo de formarlos como hombres y mujeres que puedan aplicar el pensamiento científico, hasta un trecking de varias horas donde toman muestras del suelo, que luego analizarán y compararán con el entorno privilegiado donde conviven, que ofrece una flora y fauna única en el mundo.

Las jornadas son extensas: comienzan antes de las 8 y finalizan pasada la medianoche.

Las ideas son claras, y las actividades muy concretas. Los docentes que los guían son profesores de biología y ciencia de las universidades más prestigiosas de Chile. Y los futuros científicos también cuentan con un currículum envidiable.

Dieron conferencias, asistieron a cursos en las escuelas de Harvard y Stanford, crearon aplicaciones exitosas, y ven a la ciencia como una forma de cambiar del mundo, principalmente desde el punto de vista de la salud.

Tranquilo y pausado, el co-creador de la fundación Ciencia Joven, Oscar Contreras Villarroel, estima que el mejor aspecto del campamento es que sean todas actividades prácticas. “Hacen ciencia con sus propias manos, aplican método, investigan”, asegura.

En Chile, las inversiones en materia de ciencia comenzaron a llegar hace unos pocos años. Por eso, Contreras Villarroel cree que su país tiene mucho camino por recorrer, y analiza que hay mucho para aprender del camino que emprendió la Argentina en ciencia y tecnología: “Sobre todo de la divulgación científica, aún hace falta recorrer mucho camino, e inversiones”, detalla.

Con apenas 16 años, María Cristina Haug ya cuenta con el reconocimiento de gran parte de su ciudad, San Martín de los Andes, en Neuquén. Ganadora de varias olimpíadas de matemática, tiene en mente estudiar neurociencias. En un breve receso de las actividades en pleno campamento, asegura a BigBang que desde muy chica se interesó por la temática de ciencias naturales y exactas.

 

“Siempre me interesó todo lo relacionado con el medioambiente y el pensamiento científico”, comenta. “Estas experiencias son muy buenas, porque hay un contacto personal entre el ambiente y uno como investigador. La tecnología no interfiere, los sentidos no tienen interferencia”, postula.

UNA EXPERIENCIA ÚNICA

BigBang compartió dos extensas jornadas tanto con los jóvenes científicos como con los profesores. No es la primera vez que se realiza. El año pasado, la experiencia sólo incluyó a chilenos, y se desarrolló en un terreno aún más hostil, frío y lejano: el sector de Tierra del Fuego que le pertenece al país trasandino.

El Parque Tantauco en la Isla de Chiloé fue seleccionado por la fundación Ciencia Joven para el desarrollo del campamento Bayer Kimlu 2016 hace un año. Tanto Bayer como la fundación trabajan en conjunto hace más de dos.

Según datos del laboratorio, en todo el mundo cuentan con alrededor de 15.000 científicos, y apuestan a que este tipo de actividades sirvan para comenzar a formar a la nueva camada de expertos en matemáticas, ciencia, tecnología e ingeniería.

Desde la compañía creadora de la aspirina, la responsable de Relaciones Institucionales de Bayer en Chile, Camila Reid, remarcó que es fundamental difundir la ciencia en las próximas generaciones.

“Estos días de campamento son muy buenos, porque se fomentan conocimientos científicos, y los chicos ocupan la naturaleza como laboratorio, desarrollan actividades de liderazgo”, sostiene.

PERFILES PROMETEDORES

Cuarenta historias. Cuarenta experiencias distintas. Desde aquellos que tienen una trayectoria en programación hasta los que buscan desarrollarse en un entorno natural. Son ellos los que, según los docentes que los acompañaron en todo el proceso de investigación en Chile, serán los protagonistas de la ciencia en un futuro no muy lejano.

Durante los almuerzos, una de las profesoras hasta bromea: “¿Dónde está el próximo Premio Nóbel?”.

De los argentinos, una de las que más se destaca es Sofía Camussi, de 19 años, la mayor del campamento.

El año pasado ofreció una charla TED x Río de la Plata, una serie de encuentros motivadores. Ella eligió interpelar los modos clásicos de la educación. Habla sobre el cambio de paradigma respecto a las calificaciones, y quiere estudiar neurociencia para conocer a fondo el cerebro humano, y así evaluar nuevas estrategias para mejorar la capacidad de aprendizaje.

“Me interesa cómo funciona el cerebro. En la escuela se evalúa la capacidad en contenido, no tanto en aplicación práctica, sino en reconocer qué problemáticas hay, y cómo solucionarlas”, analiza en diálogo con BigBang.

Otro que llama la atención es Santiago Aramburi, un chico de apenas 16 años que creó una aplicación para la búsqueda de personas perdidas, que obtuvo alrededor de 5 mil descargas en sistemas Android y IOS.

Del país vecino, también son varios los jóvenes con un futuro prometedor. Ignacio Venegas tiene 17 años y se especializa en programación y robótica desde los 13. Quiere ser “creador de tecnología” y dice que estudiará economía para saber administrar y sostener proyectos y poder exportar productos por el mundo.

Junto a otros dos compañeros es creador de la Fundación Cultura Tech, que trabaja en proyectos de investigación en biotecnología y salud pública, a mediano plazo. “Más que usuario, quiero ser creador de tecnología”, sostiene, convencido.