Menu Big Bang! News
Actualidad Se cumplen 14 años del atentado

Cinco cambios en los viajes en avión desde las Torres Gemelas

Desde el atentado a las Torres Gemelas en 2001 hubo una gran cantidad de modificaciones en el sistema de seguridad, tanto en los aeropuertos como dentro de los aviones. El 11 de septiembre fue un cambio drástico en la forma de viajar.  

Estás viendo esta nota en: Modo Lectura Rápida

Ver nota completa

Las imágenes recorrieron el mundo: 14 años atrás, dos aviones se estrellaban contra las Torres Gemelas, ubicadas en el World Trade Center, en los Estados Unidos. Tiempo después de uno de los mayores atentados en la historia, los controles se agudizaron no sólo en los aviones, sino también en los aeropuertos.

Viajar en avión cambió desde el 11 de septiembre de 2001. Mientras aún ardían las torres más altas de los Estados Unidos por el impacto de dos aviones Boeing 767, desde otras oficinas ordenaban el cierre del territorio aéreo de ese país. Luego, tiempo después llegarían las modificaciones con el objetivo de mejorar la seguridad en el aire.

AL INTERIOR DE LA CABINA

Desde el atentado hasta hoy existieron varios cambios. Una de las modificaciones más importantes tiene que ver con la cabina: “Pasó a tener una traba automática y electrónica, con puertas blindadas. En algunos aviones se pusieron en algunos aviones se pusieron cámaras para que vea el comandante”, contó a BigBang el piloto de Aerolíneas Argentinas Juan Manuel Del Hoyo.

Pero además, el comandante de la aeronave debe estar prácticamente “aislado”. Con el objetivo de lograr la mayor seguridad, no pueden salir de la cabina para informar a los pasajeros, y todo tipo de comunicación se mantiene a través de una comunicación por altoparlantes. “Antes se salía y se daba la cara”, recuerda Del Hoyo en diálogo con BigBang.

Por más insólito que parezca, esa medida de seguridad fue la que generó una gran polémica por el vuelo de Germanwings, el avión que se estrelló en Francia luego de que el copiloto se encerrara con el objetivo de estrellar la aeronave cuando el comandante salió por un momento al baño. De hecho, muchas aerolíneas decidieron retornar al viejo sistema de puertas.

EN LOS AEROPUERTOS

Desde entonces, las medidas de seguridad se incrementaron en todo el mundo, aunque con mayor intensidad en los Estados Unidos. Los controles son mayores: se implementaron nuevas medidas para revisar equipaje y a los propios pasajeros.

En muchos casos deben no sólo quitarse elementos que contengan metal, sino que son interrogados por el personal aeroportuario. En muchos casos por la apariencia física, y en otros por la procedencia o el país de origen, son retenidos varias horas y aislados. De hecho, se aconseja ir a las terminales con varias horas de anticipación para evitar la pérdida de vuelos, ya que los trámites ahora también son más extensos.

Constantemente en los aeropuertos obligan a los pasajeros a quitarse zapatos, cinturones, collares, cadenas, pulseras, relojes y en algunos casos hasta sacarse toda la ropa por desconfianza.

TIEMPO PERDIDO

Por el aumento de los controles, las terminales aéreas se encuentran abarrotadas de pasajeros durante las 24 horas. Todo tipo de trámites que se deban realizar demoran el doble o hasta el triple de tiempo que antes de los atentados.

Desde la compra de un boleto en el mostrador de cualquier empresa aérea, donde ahora requieren más datos personales, hasta los trámites de embarque. El check in, que antes se realizaba sólo en el aeropuerto, ahora se puede realizar desde una computadora.

En el aeropuerto de Ezeiza, día a día se observan largas filas de pasajeros

La seguidilla de pérdida de tiempo es lo que explica que, en muchos casos, los pasajeros suban alterados, enojados, indignados y molestos ya que, en el apuro por llegar con varias horas de anticipación al aeropuerto olvidan objetos que deseaban llevar.

LA MALDITA PALABRA: “BOMBA”

Casi que ya forma parte del imaginario colectivo y los pasajeros saben que la deben evitar en un aeropuerto o durante el vuelo. No se puede decir la palabra “bomba” bajo ningún punto de vista, ya que puede entenderse como una amenaza.

Las Torres Gemelas, segundos después del ataque terrorista sufrido el 11 de septiembre de 2001

Aunque se encuentra prohibida, los mismos pilotos reconocen que depende de cada país y cada idiosincrasia. En muchos casos puede llegar a activarse el protocolo de seguridad si es oída o leída, aún sin haber visto un dispositivo que pueda ser explosivo. Del Hoyo contó que en un viaje al sur de la Argentina debió evacuar un avión y activar los controles de seguridad debido a que una mujer leyó en la mesa donde le sirvieron el café una frase que rezaba: “Acá abajo hay una bomba”.

“También hay mucho show alrededor de estos controles”, señala, aunque afirma que no deben desatenderse ese tipo de alertas. Sobre este punto, la película “La familia de mi novia”, protagonizada por Ben Stiller, bromea alrededor de la imposibilidad de mencionar la palabra “bomba” en un aeropuerto. 

MIEDO A VOLAR

Desde el atentado a las Torres Gemelas, muchas personas renunciaron a viajar en avión por temor. Según cifras de la Asociación Internacional del Transporte Aéreo, la cantidad de pasajeros se redujo un 5,9 por ciento en el primer año del atentado, y un 7,3 en 2003 en los Estados Unidos. Así es el tráfico aéreo en un video realizado en time lapse con imágenes del planeta Tierra que muestra los viajes de todo el mundo.

Mientras que en el año 2000 había alrededor de medio millón de trabajadores relacionados a la aviación en los Estados Unidos, tres años más tarde la cifra ya se había reducido un 14,6 por ciento, a 444.700 mil. Luego, el recorte fue mayor: en 2010 el número de empleados era de 378.100 mil.