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Actualidad Cuando los malos son buenos

Drogas, sexo y corrupción copan las pantallas

Las series más exitosas de los últimos años revolucionaron el paradigma del protagonista. Ya no hay héroes que responden a ideales de justicia, honor y superación. Ahora son más humanos: oscuros, retorcidos, pragmáticos, crueles, conflictuados. Idolatrados. La irrupción de la droga y su universo como gran catalizador argumental es una de las características de este fenómeno. Mirá algunos ejemplos

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Poco más de una década atrás, para las series de TV, incluso el cine, capaz de más audacia, las drogas, su consumo y tráfico y la violencia estaban claramente linkeados a “los malos, perversos, losers, marginales”. Se abordaba la cuestión desde esa perspectiva y con moraleja aleccionadora. Pero de repente estalló una suerte de Mayo del 68 químico-realista para la ficción. Los argumentos fueron reescritos por la realidad y despojados de inverosimilitudes y altruismos hipócritas con sello de Tea Party, los nuevos héroes exhiben sus miserias, complejidades, vicios y una cosmología social con seductor realismo.

Para algunos exégetas todo empezó cuando el rostro de Tony Montana se estampó en remeras y fue millones (Al Pacino, Scarface). Y más tarde, el del propio César Escobar Gaviria, el narco colombiano (real), devenido en leyenda.

 

Muchos sociólogos e intelectuales todoterreno, que casi siempre van unos pasos atrás de las mutaciones de los imaginarios sociales, ensayan teorías con formato mediático para explicarle a la gente por que le gusta lo que mira en tv. Y citan a Foucault y Nieztche para definir el concepto de bien y mal hoy catódicamente diluído, 

Hay remeras que idolatran al narco Tony Montana. El precursor.
 

El hito fundamental, si bien no el primero, fue Breaking Bad, cuyo protagonista Bryan Craston personificó, entre 2008 y 2015, a Walter White (a) Heisenberg, químico, padre de familia gris y meticuloso, que la necesidad convierte en productor de anfetaminas y cuasi sociópata. Un personaje de culto e inmortalizado en remeras que los jóvenes, ricos y marginales, lucen con orgullo. La penetración del protagonista de Breaking Bad en el inconsciente colectivo cambió para siempre la estatura del héroe: ya no responden a ideales de superación, no intentan arreglar el mundo,. Es darwinismo social. Es el tipo que se acomoda al sistema y lo usa. Y es considerada la mejor serie de la historia.

 

Un joven narco argentino detenido luce la cara de Walter White, ícono pop socialmente transversal.
No con esa crudeza pero con más desparpajo, Los Simpson dedicaron varias escenas a desarrollar historias donde la droga es naturalizada desde el humor y con “sutil” mensaje social

Padre de Familia,  animación bizarra para jóvenes siguió sus pasos y subió la apuesta con un especial dedicado a la legalización de la marihuana. Fue un escándalo.

 

 


Repasando al estupefaciente como centro y disparador, también Weeds marcó un hito, no tanto por hacerle una autopsia a la poderosísima cultura del cannabis en Estados Unidos, como por airear las vísceras del negocio de la venta de marihuana a pequeña y gran escala, y mostrar la transformación de Nancy Botwin, un ama de casa cualquiera, en una traficante .

 

 
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En  The Corner y The Wire, la droga es vehículo para la crítica y el sinceramiento social. El consumo recreacional ya no es patrimonio de personajes secundarios a los que hay que salvar o villanos autodestructivos. Son propios de los héroes que tienen esa talla porqee conviven con sus demonios. 

 

El cirujano plástico Christian Troy,de la atrevida serie Nip/tuck mostraba una imagen repelente y a la vez secretamente envidiable; un objeto de deseo construido sin pruritos, un metrosexual tan  inteligente y seductor como inasible emocionalmente al que le daba lo mismo tomar cocaína en la espalda de una rubia en llamas, o hacerlo antes de entrar al quirófano.

 Chris Moltisanti, el sobrino border en Los Soprano, otra serie icónica donde los pérfidos son “queribles”, era un adicto magnético psicópata y autodestructivo. 

 

John Thackery, personaje  en The Knick serie dirigida Steven Soderbergh y protagonizada por Clive Owen, termina una escena pidiéndole a una chica que le pinche cocaína líquida en los huevos en aras de la medicina. 

 Ni siquiera las adolescentes series de vampiros pudieron eludir el atractivo encanto, y magnetismo de las sustancias en contextos hasta forzados, como se ve en la exitosa True Blood  Y el ex X Files David Duchovny, transmutado en escritor de perfiles bukowskianos (si se

 permite le neologismo) en Californication: marihuana más sexo, alcohol y escenas , pensadas como simbióticas y de resultados memorables.

 

Otro artífice de esta new wave química fue el inefable Doctor House, quien le hizo marketing al Vicodin como ninguna agencia de publicidad hubiese imaginado. Adicto –justificado e irredento a los calmantes, los tragaba como caramelos. Eso si, con receta, legal robada o falsificada. Otra serie que hizo historia.

 

 No hace falta abundar. Las escenas más recordadas de algunas de las mejores series para adultos de la actualidad tienen algún “estupefaciente” como protagonista. El mecanismo neuroquímico provocado por el placer por ver series responde en forma similar a los mecanismos de seducción y enganche de las drogas, argumentan estudios médicos. Y no es descabellado  Si esto fuese cierto, explicaría la sobreabundancia del recurso argumental.

Y los productores se habrán adueñado, tarde o temprano, del rating, y de nuestro cerebro.

Contanos cuáles son tus series “duras” favoritas.