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Habló la ciencia: así es la fórmula para una siesta ideal

Momentos, lugares y duración: tres factores clave para sacar el mejor provecho de una práctica, para algunos, en desuso. Los cambios a lo largo de la historia y los sorprendentes beneficios del café previo.

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La siesta es una actividad cada vez más extraña y cada vez con peor fama en nuestras sociedades, obsesionadas con la híper-productividad.

El historiador Roger Ekirch, citado en esta nota del sitio Vox, descubrió que hasta la Edad Industrial la mayoría de las personas estaban despiertas durante varias horas en mitad de la noche, complementando el sueño segmentado con siestas vespertinas.

Era cuestión de tiempo para que se conocieran los beneficios científicos de esa práctica, desde las mejoras en los sistemas de alerta hasta el incremento de la memoria.

Hay que conocerse para saber cómo y cuándo dormir mejor.

¿Y cuál es la fórmula de la siesta ideal?

​1) Tomarla por la tarde. La mayoría de las personas empiezan a sentir que su rendimiento declina de seis a siete horas después de levantarse. 

“Es como si la Naturaleza hubiera decidido que los adultos deben dormir en la mitad del día, quizá para evitar el sol”, dice William Dement, ex director de un centro especializado en sueño en Stanford.

2) Hacerlo en un lugar oscuro, cómodo y tranquilo. Son requisitos cruciales para dormirse rápida y fácilmente.

Comodidad y quietud, requisitos indispensables.

3) Descubrir cuánto tiempo dormir. Como el cerebro atraviesa distintos estadíos mientras dormimos, las siestas de diferentes longitudes pueden tener efectos variables.

4) Fijar una alarma. Aunque suene obvio, a la mayoría de las personas les cuesta levantarse cuando lo desean. Una siesta demasiado larga puede ser contraproducente.

Hay que saber cortar.

5) Opcional: tomar café antes. Una taza rápida de cualquier bebida con cafeína puede tener beneficios inesperados.

Algunos estudios muestran que los que toman “siestas de café” están más alertas y son más efectivos en los tests de memoria que los que hacen sólo una de las dos cosas.

La siesta y el café, dos conceptos que pueden llevarse bien.

Sólo queda poner manos a la obra, buscar ese lugar especial y desenchufarse de todo.