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La buscaron 40 años: la historia de Adriana, la nieta recuperada número 126

Hija de los militantes Violeta Ortolani y Edgardo Garnier, siempre supo que era adoptada. Y luego de 40 años, finalmente pudo abrazar a su abuela. 

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Vanesa si era nena, Enrique o Marcos si era varón. Esos eran los nombres que Violeta Ortolani y su pareja, Edgardo Garnier, habían pensado para su futuro hijo. 

padres
Violeta y Edgardo, los padres de la nieta número 126.

Entrerriano, nacido en Concepción del Uruguay,  Edgardo militó en la Juventud Peronista; mientras que Violeta (oriunda de Buenos Aires), hacía lo propio en el área universitaria de la organización. 

Pronto, ambos se sumaron a Montoneros, donde ella pasó a ser "la Viole" y él, "el Viejo". El rastro de Ortolani se perdió con su secuestro en diciembre de 1976 en La Plata, cuando estaba embarazada de ocho meses.Garnier también seguiría el mismo destino tres meses después. 

"Con 40 años tengo una abuela"

Adriana, la nieta recuperada número 126, siempre supo que era adoptada y sospechaba su verdadero origen. Tanto que fue ella misma quien decidió presentarse espontáneamente para que su ADN fuera cotejado con el Banco Nacional de Datos Genéticos.

La primera respuesta fue desalentadora: no había compatibilidad. "Después seguí mi vida. Tenía que aprender a vivir sin ese pedacito de rompecabezas", expresó hoy al mediodía en la conferencia de prensa de Abuelas de Plaza de Mayo. 

Sin embargo, tiempo después, la CONADI se comunicó con ella para confirmarle que finalmente había un resultado favorable: los verdaderos padres de Adriana eran "la Viole" y "el Viejo".

"Se me completó la vida", expresó frente a la prensa. "Tengo una familia hermosa. Con 40 años tengo una abuela y ayer pude hablar con ella. Es una genia, ya la quiero. Es hermosa por fuera y por dentro". 

Fue la misma Estela de Carlotto quien se encargó de darle a la abuela paterna de Adriana la feliz novedad. "'Es para darle una buena noticia", le avisó la titular de Abuelas de Plaza de Mayo apenas atendió. "Ay, menos mal que estoy sentada", le respondió aquella mujer de 86 años que esperó durante cuatro décadas conocer a su nieta.