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Mario, el nieto recuperado número 119, se reencontró con su madre

Abuelas de Plaza de Mayo oficializó la identificación de Mario Bravo, el nieto número 119, en una conferencia de prensa. Horas antes, el hombre se había reencontrado con su madre, Sara.

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“Hay que ser positivo y mirar para adelante. Tengo la suerte de haber encontrado a mi mamá viva. Ese es un milagro y tengo que aprovecharlo, así como mis hijos. Hay que mirar para adelante”. Emocionadísimo, Mario Bravo -el nieto recuperado número 119- habló en la conferencia de prensa en la cual Abuelas de Plaza de Mayo anunció oficialmente su identificación

Mario junto a Estela de Carlotto y Martín Fresneda, Secretario de Derechos Humanos.

 “Vi la película de mi vida. Pensás que te buscaron y que le faltaste a esa familia todos estos años. Lo que pasó es muy malo, muy feo, pero ya pasó”, agregó Mario quien antes de la conferencia de prensa se había podido reencontrar con su mamá, Sara. "Mi mamá me dijo que me hablaba mucho en su panza. Le dije que había hecho mucho. Faltó un ratito nomás pero hizo lo más importante: buscarme", contó.

“Lo que pasó es muy malo, muy feo, pero ya pasó

Además, se encargó de darle palabras de aliento a las personas que están dudando de su identidad y que quieren buscar la verdad sobre sus orígenes. "Hay que animarse, porque todos estos seres de luz que me crucé en estos días me dieron confianza y contención para conocer mi historia”, comentó Bravo quien también dijo entre sonrisas que sus nuevos sobrinos lo habían sumado a un grupo de WhatsApp con el nombre “Bienvenido, tío Mario”.

Miedo y esperanza

En 1975 Sara, la madre de Mario, vivía en Tucumán junto a sus dos hijas. En julio de ese año, al regresar del hospital en el que trabajaba, fue interceptada por un automóvil y llevada a una comisaría. Terminó siendo encerrada en la cárcel de Villa Urquiza, donde dio a luz a Mario que le fue arrebatado al instante por un enfermero

El reencuentro entre Mario y su madre Sara. 

Luego de permanecer casi un año y medio como detenida-desaparecida, Sara fue liberada en noviembre de 1976. Atemorizada por el martirio que le tocó vivir, recién se animó a buscar a su hijo en el 2004 y tres años después aportó su muestra de sangre al Banco Nacional de Datos Genéticos (BNDG).

Paralelamente, Mario vivía en Santa Fe y sospechaba desde pequeño que quienes lo habían criado no eran sus padres biológicos. En febrero de este año, se acercó a la filial de Abuelas de Rosario y se derivó su caso a la CONADI. En agosto se le extrajo sangre y, luego del entrecruzamiento de datos genéticos, el 19 de noviembre se confirmó que era el hijo de Sara.