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Actualidad En Capital hay 3 mil

Talleres clandestinos: esclavitud siglo XXI

Flores, Floresta, Liniers y Versalles es donde hay más talleres clandestinos. Abastecen a las grandes marcas. Sus trabajadores son esclavos. La inacción provocó la muerte de dos nenes

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Los viernes por la tarde-noche, la plaza de Nazca y Páez se llena de gente -en su mayoría inmigrantes bolivianos- que salen a dar la vuelta al perro. Ese día a esa hora es cuando los talleres clandestinos les dan un rato libre a sus trabajadores. “Pobres, salen a pasear o a tomar aire, si están encerrados todo el día sin ventanas”, comenta al pasar Sara, una vecina de la cuadra.  Poco a poco, los habitantes de Flores, Floresta, Liniers o Versalles se convirtieron en verdaderos expertos en temáticas de trata y explotación de vecinos. Música en horarios extraños, ruidos de maquinaria por la madrugada, personas que ingresan a un domicilio pero rara vez salen. Todos esos son indicios de que allí funciona un taller clandestino, una verdadera esclavitud moderna.

Entre los retazos de tela incautados en allanamientos, una pelota de plástico. 
 

En la calle Páez al 2700, por caso, hay seis. Según la denuncia efectuada por la ONG La Alameda en septiembre de 2014 , Páez 2796, 2775, 2766, 2721 y 2710 -aparentes viviendas desde su fachada- son domicilios que sirven para enmascarar su labor clandestina textil. En noviembre del mismo año, el Gobierno de la Ciudad inspeccionó la zona y no encontró irregularidad alguna. Al menos esa es la constancia que firmaron sus funcionarios. El martes 27 de abril a la mañana los vecinos oyeron espantados los alaridos de Rodrigo Camacho, de 10 años, quien junto a su hermanito menor, Orlando, murió rostizado por las llamas ocasionadas por una vela en Páez 2796. Justo en el lugar en el cual “no se encontraron irregularidades”.

En Páez al 2700, en Flores, funcionan 6 talleres clandestinos, según consta en la denuncia de La Alameda.
Para las autoridades porteñas, Páez 2796, el lugar del incendio, no mostraba irregularidades.
 

Allí funcionaba un taller clandestino regenteado por los tíos de los menores en el que también trabajaba su madre. “Los pibes eran de Villa Celina, pero iban a la escuela acá cerquita y recién volvían a su casa cuando su mamá terminaba la jornada laboral, siempre por la noche”, apunta Omar Ruiz, quien vive casa de por medio al lugar incendiado. Lucas Schaerer, de La Alameda, agrega: “Los chicos están escolarizados, pero por lo general se quedan con sus papás y dan una mano en la confección de ropa. Son los encargados de pegar botones o de pasar hilos”.

 
Orlando y Rodrigo Camacho, de 7 y 10 años, murieron en el trágico incendio de la calle Páez.

De afuera, todos los talleres lucen parecidos. Es decir, no lucen. Sus ventanas suelen estar cerradas y sus persianas bajas. En casos extremos se levantan muros para impedir que se vea desde afuera. En el inmueble incendiado funcionaba un local comercial. Luego fue cerrado, sus ventanas tapiadas con ladrillo y, por si fuera poco, un chapón y alambre para reforzar la cárcel laboral. En gran medida esas medidas fueron las que mataron a los nenes. Ni Bomberos ni Policía pudieron entrar en un primer momento. Tuvieron que derribar la pared y cortar el alambrado para llegar hasta el sótano donde permanecían los nenes carbonizados.

En esta esquina funcionaba el taller clandestino donde murieron los nenes. La pared dificultó el trabajo de bomberos.
 

En Capital existen al menos 3 mil talleres clandestinos, en Provincia de Buenos Aires alrededor de 30 mil. Los de Flores y Floresta suelen ser proveedores de mercadería de los locales comerciales de la calle Avellaneda, pero también de grandes marcas, que ven en esta modalidad informal la manera de abaratar costos. -La industria de la indumentaria mueve $15.000 millones al año, pero los costureros esclavos cobran entre 30 y 80 centavos por prenda. El SOIVA (Sindicato Obrero de la Industria del Vestido y Afines) tiene registrados solo 30.000 costureros, pero la propia cámara empresaria admite que en realidad hay más de 300.000. El 90% trabaja en negro.

(INFOGRAFIA PENDIENTE)

 

Los vecinos de la zona revelan que los domicilios donde funcionan esos talleres son propiedad de argentinos. Que alrededor del año 2000 fueron alquilados por coreanos, dueños de locales sobre la comercial calle Avellaneda. A la vez, éstos montan allí sus lugares de producción para abaratar costos. “Les cobran el doble o el triple de alquiler, no les piden garantía y no les importa si allí viven esclavos”, dicen. 

 

En el año 2008 se sancionó la Ley 26.364 que sanciona la trata de personas. Desde su promulgación se rescataron 8.151 personas y solo en marzo 2015 el número fue de 274. El 145 es el número telefónico que dispuso el Ministerio de Justicia para poder denunciar en forma anónima estos delitos. En marzo ese teléfono sonó 566 veces. La última vez que sonó fue después de que se fueron los bomberos de la calle Páez. Era un vecino que quería denunciar que en su cuadra había un taller clandestino.