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Actualidad Un fenómeno que crece

Tienen más de 30 años y aún viven en la casa de sus padres

Las razones son desde económicas hasta personales, como viajar o estudiar. En total, representan alrededor del 20 por ciento de la población, según el último censo.

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Las razones son múltiples: desde económicas hasta elecciones personales, que en una gran mayoría están relacionadas a priorizar el estudio o viajar. Lo cierto es que hay un sector importante de la población del país que con más de 30 años aún viven en la casa de sus padres. Según el último censo, se trata de casi 20 por ciento de los argentinos.

A comparación del siglo pasado, en estos años los objetivos de vida han variado. El sueño de la casa propia, en muchos casos, queda postergado en pos de viajar, formarse y obtener desarrollos personales. Por eso, son muchos los hombres y mujeres mayores de 30 años para los que no es un obstáculo ni una molestia o incomodidad vivir con sus padres.

Según datos del último censo de población, en 2010, casi el 20 por ciento de quienes tienen entre 30 y 35 años se declara “hijo del jefe o jefa de hogar”. El índice tuvo un crecimiento respecto de las anteriores mediciones: entre 1970 y 1991 aumentó un 10 por ciento, y otro 15 en el registro de 2001. En este sentido, la coordinadora académica del Programa Juventud de Flacso, Ana Miranda, explicó a La Nación que son numerosos los motivos por los cuales este grupo permanece en sus hogares de familia. Pero aclaró que se trata de una tendencia “típica” en las grandes ciudades, “que viene acentuándose desde hace 15 años”. “Los estudios marcan que se debe a dos transiciones claves en la vida de las personas en sociedades que van cambiando culturas y dinámicas propias: por un lado, el pase de la educación como actividad central, cuando antes lo era el trabajo; por otro, las dificultades de adquirir una vivienda propia”, analizó la experta.

El económico tal vez sea uno de los motivos más influyentes. Hoy en día, acceder a una vivienda propia es prácticamente imposible. Y el alquiler, en muchos casos, es visto como una pérdida de dinero que podría invertirse en otras cosas, como viajar, acceder a un auto y otros bienes a los que sería más complicado acceder con el gasto de un alquiler como obligación mensual. En este sentido, el economista Diego Giacomini, de la consultora Economía & Regiones, indica a La Nación que el crédito hipotecario en nuestro país es prácticamente inexistente: “Son el adelanto al presente del consumo futuro a cambio de una tasa de interés. La relación entre nuestro sistema bancario y financiero, y nuestro mercado de capitales lo hace imposible, especialmente, por la inflación. Y los argentinos no ahorramos en pesos; por lo tanto, no hay créditos en pesos. Tampoco en dólares porque hay poca cantidad”.

CASOS

Duilio Marucci contó a La Nación que podría haber abandonado la casa de sus padres hace siete años, a los 25, luego de abrir su local, un solárium a minutos del centro de La Plata. “Pero no quise, siempre estuve muy cómodo con mis viejos”, cuenta. Y agrega que gracias a esa situación, pudo ahorrar plata “para visitar varias veces a mi mejor amigo, que vive en Brasil; comprarme un auto de $ 200.000; equiparme con todo lo que quiero para mi nueva casa. No hubiera podido hacerlo si hubiera tenido que gastar mi sueldo en alquiler y comida”.

Nieves Solís Prougénes siempre soñaba, desde chica, con vivir sola y tener su espacio. “Intenté vivir con una amiga a los 21, pero no funcionó, así que volví a vivir con mi mamá, y aunque seguí deseando mi propio lugar, entendí que no era tan malo postergarlo”, cuenta. Madre e hija trabajaban y hasta la noche no se veían. Hace pocas semanas logró mudarse. “Si no tenía una necesidad real de irme ¿por qué iba a obligarme? ¿Iba a gastar plata en alquilar un departamento en el que no iba a estar nunca? Preferí seguir cómoda, con mi mamá, que nunca me impidió hacer nada”. En su caso, priorizó otro sueño: recorrer Europa durante un mes. “No hubiera podido ahorrar si hubiera tenido que mantener una casa sola”, afirma.

Pedro Palazzani es fotógrafo, tiene casi 45 años y vive con su padre, cerca de La Pampa. Ambos son divorciados, y por el valor de los alquileres en Buenos Aires decidieron mudarse. “Preferí cambiar dinero por bienestar. Volví con mi padre, a una casa con jardín, él tiene su espacio y yo el mío, recibo a quien quiero y él también. No siento presiones para irme y por ahora no quiero hacerlo”. De todos modos, aclara que la convivencia funciona porque ambos respetan reglas, como horarios de comida, silencio y limpieza.

EN EL CINE

El fenómeno de los mayores de 30 que aún viven con sus padres fue reflejado por el cine norteamericano. En Hollywood se estrenó una película donde la temática es justamente esa. Soltero en casa (Failure to launch) cuenta la historia de un matrimonio que, cansados de mantener a su hijo, interpretado por Matthew McConaughey, quien en la vida real vive con su madre, contratan a una joven “motivadora” profesional que lo seduce, haciéndole creer que la ha conquistado, y luego trata de convencerlo para que se independice.

El cine francés también se hizo eco: en Tanguy, los padres del protagonista (Éric Berger) se confabulan para que su hijo de 28 años finalmente deje el hogar.