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A comer manteca sin culpa

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¿Qué engorda más? Es la pregunta más pensada y menos bien respondida. Los alimentos grasosos son los más elegidos y los que generan más dudas a la hora de comer.

Lo que nos puede causar es preocupante: obesidad, colesterol, enfermedades cardíacas, entre otros. 

Pero para la sorpresa de todos, según los más recientes estudios acerca del tema, el investigador científico cubano Ernesto Prieto Gratacós opina que “no hay evidencia que el consumo de grasas saturadas aumente el riesgo de enfermedades cardíacas o de ser obeso” y en lo que representa un cambio de paradigma, coincidentemente con las conclusiones mencionadas, una histórica edición  la revista Time  tituló“Comé manteca” y  el prestigioso New York Times, escribió “Volvió la manteca”.

Este cambio de paradigma, se complementa con la recomendación de profesionales que forman parte de prestigiosas instituciones de indicar la dieta mediterránea a quienes tienen problemas cardíacos, donde el 40% de las calorías que se ingieren provienen de alimentos con alto contenido graso.  

Ahora bien: la discusión se centra en una guerra entre aquellas grasas consideradas destructivas y las llamadas “grasas inteligentes”. Al respecto Prieto Gratacós apunta que se puede considerar “grasas inteligentes” principalmente a:

 Aceite de Lino de primera prensada en frío

Manteca

Aceite de Coco

Aceite de Oliva de primera prensada en frío

La grasa de todos los animales que viven libremente (pastando). En el caso del pollo, si es criado en granja

Sésamo Crudo

Nueces, almendras, avellanas, pistachos (Siempre sin tostar para evitar que se vuelvan hepato-tóxicos)

Mientras que entre las “grasas destructivas” se ubican principalmente:

Alimentos industrializados o procesados (Patitas de pollo, croquetas, hamburguesas, etc.)

Aceite de Maní, Girasol, Soja, Canola (*)

Margarina

Está claro que actualmente, numerosos estudios científicos demuestran que la dieta baja en grasas es un error, y que en cambio es mucho más saludable una dieta baja en carbohidratos procesados. En este punto, coincide plenamente Ernesto Prieto Gratacós, director del CEOC – Centro de Oncología complementaria Buenos Aires, que estudia la relación entre cáncer y otras enfermedades degenerativas y alimentación – www.oncologiacomplementaria.com ywww.cancerycivilizacion.org

La famosa pirámide nutricional que fue promocionada durante años para una dieta saludable, tenía en la base de nuestra alimentación  carbohidratos procesados y pocas grasas. Primero venían el pan y los cereales, luego las frutas y verduras y por último las grasas. En países como los Estados Unidos, las tasas de obesidad, diabetes y enfermedades cardíacas se dispararon, al cambiar  carnes rojas por comidas congeladas, galletitas, barras de cereal y todo tipo de alimentos procesados listo para ser consumidos en un par de minutos y con muy poco esfuerzo.

El organismo no diferencia entre una tostada y un paquete de caramelos, al digerirlos ambos se convierten en azúcar, lo que estimula la producción de insulina, provocando que las células almacenen las calorías en lugar de usarlas como combustible para el cuerpo, entonces engordamos y  baja nuestro metabolismo para ahorrar energía,  generando un círculo vicioso difícil de romper.

Si analizamos una caja de granola, alimento sano en el imaginario popular, observamos que contiene 12 gramos de azúcar cada 40 gramos de producto. La granola retiene líquido y el azúcar se transforma en grasa y se almacena en el cuerpo; al igual que sucede con galletitas y panes etiquetados como saludables, todos tienen alto contenido de sodio, azúcar más grasas trans y aceites hidrogenados. Los estudios no indican que el consumo de muchas grasa sea sano; pero alimentos como manteca ya no son sinónimo de enfermedad, al igual que el huevo, son alimentos de los que se recomienda un consumo moderado. Pero, fundamentalmente consumir alimentos sin procesar, sería la clave, carnes, verduras y nueces más frutos secos  que son preferibles antes que barras de cereal procesadas.