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Amo la imperfección

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Será que soy rebelde, será que soy demasiado imperfecta, la cosa es que me dí cuenta que amo la imperfección…. o ¿..será que estoy más entrada en años?

La pregunta me surgió uno de esos tantos días que se festeja el día de la mujer, donde cientos de mujeres nos cruzamos frases que intentan ser célebres o al menos hacernos reflexionar sobre lo fantásticas que somos.

Podemos ocuparnos de la casa, que esté lo más ordenada posible, de los chicos, de los maridos, de la comida de todos los días, del verdulero, de que la heladera no se sienta sola cuando está vacía.

Ni hablar de los parientes, amigos y amigas en problemas, el perro y el gato. Las visitas, las llamadas, los mails o whasapp de consuelo, contención o felicitación.

Podemos ocuparnos de parecer bellas, con el pelo perfectamente teñido para no dejar ni una cana a la vista, la depilación definitiva, la tonificación adecuada de los músculos, el chequeo médico anual obligatorio.

Podemos ocuparnos de hacer proyectos para la familia, los cumpleaños, las vacaciones, que cada evento tenga su mística o toque personal.

Podemos ocuparnos de decorar la casa para que parezca como las fotos que salen en las revistas de decoración, ocuparnos que nuestros hijos que estén vestidos como los hijos de la top model más publicitada, ocuparnos de ir a lugares de ensueño como aquellos que aparecen en los más lindos folletos.

Para mí, hiper-ocuparse de todo y de todos es querer ser perfecta.

Ser perfecta en lo que parecés, en lo que hacés eficientemente, en lo que transmitís. Como si poder hacer una multiplicidad de cosas, simultáneamente, fuera un ideal de perfección a alcanzar.

¿Por qué tendría que amar esa perfección? ¿Por qué ese ideal?

Esa perfección me cansa, no me deja priorizar bien lo que prefiero, lo que realmente quiero elegir ¿Por qué tengo que hacer todo? ¿por qué tengo que hacerlo impecablemente bien si no tengo ganas?

¿Por qué tengo que ocultar si estoy cansada si realmente lo estoy? ¿Por qué tengo que maquillarme para parecer de mejor aspecto de lo que soy? ¿Por qué tengo que ordenar armoniosamente la casa si me aburre hacerlo?

Obviamente la búsqueda de la perfección me agotó.

La búsqueda de ese ideal no me resulta más atractiva.

Ahora mi sentir está más cerca de decir“amo la imperfección”, amo esos detalles que rompen con el esquema de perfección bien aceptada, del orden, de lo impecable de las apariencias, ahí surge mi rebeldía.

Me encanta la ropa con manchas con historias.

Me encanta el vaso un poco cachado que rompió tu hijo cuando era chico y seguís usando.

Amo la cara lavada, las estrías que te quedaron por dar vida.

Ni hablar del sweatter demodé que te regaló una amiga entrañable y seguís usando años después de que se dejó de usar.

Amo la imperfección y la valentía de dejarte asomar las canas.

Amo no saber como terminar de escribir este artículo.

Pero soy tan imperfecta, que me permito no saberlo, entonces me relajo y soy feliz.