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Cuaderno del soltero

1: MENTE PENSANTE EN UN CUERPO PUNK

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Miércoles, 21:55.

 

Suena el timbre. Me incorporo rápidamente de mi cómoda posición en el sillón pensando que tal vez sea aquél amigo que me prometió pasar por casa así platicamos un rato sobre banalidades varias, ¿te parece?, o aquella muchacha que me comentó vía una de las tantas redes sociales que manejo que me siento tan o más sola que tú, ¿te molestaría que nos encontremos?

El intercomunicador rompe mis esperanzas y con un pizza me ubica en tiempo y espacio: llamé a la pizzería, voy a estar solo, voy a cenar pizza.

Abro la puerta de mi hogar, bajo por el ascensor, interpelo con un ¿cuánto? al enviado, pago, maldigo la baja velocidad del elevador a raíz de un imposible enfriamiento de mi alimento, ingreso nuevamente a mi morada y allí.

Y allí ella, perfectamente redonda, única, humeando los sabores del queso y el tomate que serán disfrutados por mi paladar en un futuro demasiado cercano.

Durante esos pocos segundos en los que armado de cuchillo y tenedor lanzo mi ataque mortal hacia la belleza circular, una catarata anárquica de información baja desde la cúspide de mi cerebro generando un río de conciencia que intenta detenerme.

Que las batallas culturales perdidas son las que acarrean mayores consecuencias negativas para una sociedad. Que la cocina y lo que la rodea forman parte de las costumbres de un pueblo. Que el Muro de Berlín cayó en 1989. Que la sigilosa invasión del sistema capitalista estadounidense en todo el mundo se ve muy bien reflejada en la genial Good Bye Lenin! de 2003, sobre todo en aquella escena en la que el personaje de Alexander Kerner (Daniel Brühl) intenta disimular el por qué de la colocación de un gran cartel de Coca-Cola frente a la habitación de su moribunda (e híper comunista) madre. Que el film Home Alone (1990) le enseñó a un joven capitalista criado durante la última década del Siglo XX que quien se encuentra en el segmento socioeconómico C o superior puede subsistir sin saber cocinar. Que el sistema del delivery es una marca muy fuerte de dominación, adoctrinamiento y servidumbre repulsiva. Que frente a una comida casera, portentosa en calorías extremadamente nutritivas, el cansancio generado por el workaholiquismo hace recaer en la ingesta de chatarra encerrada en una prisión plástica y/o de cartón. Que a ese alimento casi carente de beneficios se le suma el sedentarismo alentado por el servicio de entrega a domicilio, resultando en un cóctel letal para el desarrollo sano del cuerpo y, por qué no, de la vida misma. Que…

Que esta pizza es maravillosa.

No dejo ni una miga, duermo, no pienso más.