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Crisis energética: mucho ruido y pocas nueces

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Dos meses después de que el ministro de energía y minería Juan José Aranguren decretara la emergencia energética en el país hasta el 2017, el ex presidente de la filial argentina de la petrolera Shell nos vuelve a sorprender con otra medida poco feliz: El anuncio de cortes programados en el servicio eléctrico.

Se supone que todas estas políticas son en pos de mejorar el tan castigado sector energético, el cual presenta un gran déficit en el área de generación, pero sobretodo en su distribución y comercialización. Cabe recordar que dicha actividad está en manos de los sinvergüenzas de Edenor y Edesur, quienes en el remate del Estado producido bajo la presidencia de Menem se hicieron de este vital servicio por medio de un vil acuerdo que les otorgaba la concesión por noventa años.  

A propósito, me permito abrir un paréntesis en esta suerte de descargo para mencionar que a partir de este año Edenor pasaría a manos del Grupo Clarín, dado que Pampa Energía S.A. (la mayor compañía eléctrica en Argentina que tiene como filial a Edenor) se habría fusionado con el conglomerado mediático.

Retomando el punto original, lo que tenemos hasta ahora es un mismo servicio paupérrimo más caro, debido a la quita de subsidios. Haber, no estoy en contra de una reestructuración de los subsidios, pero esta debe ser progresiva y estar acompañada por otras políticas. Porque si no los chupasangres de siempre lo único que obtendrán es más ingresos. Por lo tanto, aunque me tilden de extremista, se debería expropiar Edenor y Edesur para devolverle de una vez por todas al Estado un servicio público esencial en el crecimiento de cualquier Nación.

Sin ser un especialista en energía está claro que el esquema actual no puede continuar. Es momento de apostar por el desarrollo de nuevas fuentes de energía como las renovables, es cierto que su implementación es muy costosa, que estamos atravesados por una cultura del petróleo y por las presiones que esas corporaciones hacen por mantener su negocio, pero debemos superar esas limitaciones. 

Por consiguiente, en vez de que el presidente Mauricio Macri, en su constante demagogia, diga que va a usar lo recaudado por el nuevo “tarifazo” para hacer escuelas u hospitales, ese dinero podría destinarse a mejorar el servicio y cambiar una matriz energética obsoleta. Puesto que los perjudicados son los mismo de siempre. Para ellos no hay grupos electrógenos, como los que le dieron a los barrios pudientes de la Cuidad Autónoma de Buenos Aires, para ellos rige la ley del “arréglate como puedas”. Porque como dice el ministro Aranguren “es lo que hay”.