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Cualquier trabajo puede resultar insalubre

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En términos legales, hoy un trabajo insalubre es aquel en el que, a grandes rasgos, el empleado desarrolla tareas que por su modalidad, naturaleza o lugar suponen un riesgo para su salud. Entre los más conocidos se encuentran los empleos que involucran aire viciado y emanaciones de sustancias tóxicas.

Sin embargo puede que nos encontremos en un momento clave para redefinir, al menos culturalmente, algunos conceptos y quizás de ese modo lleguemos a descubrir que cualquier trabajo puede resultar nocivo para nuestro bienestar.

Hay tres datos claves que resultan disparadores para reflexionar sobre esta problemática: la Organización Mundial de la Salud ha declarado al estrés laboral como la nueva epidemia del Siglo XXI, conviertiéndose en una de las causas con mayor incidencia - directa e indirectamente- en el ausentismo y, en Argentina, 8 de cada 10 personas dicen padecerlo.

 

Como detectarlo?

Al padecer estrés laboral se pierde el delicado equilibrio entre el cuerpo y la mente tan fundamental para nuestra salud integral, de manera tal que una alteración que comienza manifestándose por nuestra psiquis puede desencadenar problemas físicos y viceversa.

Es así como la permanente y creciente presión en el entorno laboral pueden provocar a nivel psicológico estado de ansiedad, irritabilidad, fluctuaciones en el ánimo, miedo, inseguridad, dificultad para concentrarse y para tomar decisiones como también generar depresión, baja en la autoestima y trastornos obsesivo-compulsivos.

Mientras que a nivel físico, se puede manifestar mediante problemas estomacales, sudoración excesiva, hiperventilación, dolor de cabeza, mareos, náuseas, temblores, tensión muscular, contracturas, insomnio, fatiga, hipertensión, arritmia cardíaca, caída del cabello, dermatitis, impotencia sexual, alteraciones del sistema inmune, hipo/hipertiroidismo, entre otros.

Las causas.

Entre los principales factores estresantes se encuentran el elevado volumen y ritmo de trabajo, la inestabilidad, la baja remuneración, el alto grado de responsabilidad, la falta de apoyo y contención entre pares y superiores, la falta de reconocimiento y las malas condiciones ambientales del lugar de trabajo.

 

Cuanto más acceso, más trabajo.

Sin embargo, el problema con el que debemos lidiar hoy día es el traslado del trabajo a casa y los horarios extendidos más allá de lo saludable “gracias a” las nuevas tecnologías.

Como un boomerang, los avances, pueden ser contraproducentes. Smartphones, tabletas y computadoras portátiles conducen a que las ordenes de trabajo nos lleguen vía chat, mensaje de texto, mail o mensaje de voz donde sea que nos encontremos mientras mantengamos nuestros ojos abiertos.

 

Los límites. Más vale prevenir que curar.

Sin dudas, tanto las empresas como el Estado deben tomar cartas en el asunto para reducir los costos “humanos” y económicos generados por el estrés laboral. Pero, mientras tanto, la prevención supone un esfuerzo personal. Indefectiblemente debemos ser nosotros quienes asumamos activamente la responsabilidad de adquirir hábitos saludables en el trabajo que contrarresten los efectos negativos que éste nos produce.

En esa línea, para evitar que nuestro empleo nos resulte insalubre debemos llevar a la práctica algunos consejos básicos:

 

“No correr antes del llegar”. Antes de ir al trabajo, procurar contar con el tiempo necesario para hacer nuestras tareas personales de manera tranquila (desayunar, ducharnos, vestirnos), no estar contrarreloj ni salir de casa alterados.

“El trabajo esta en orden”. Durante el horario laboral se recomienda tomarse breves descansos, idealmente, cada dos horas, mantener nuestro espacio de trabajo ordenado, planificar de nuestras tareas y establecer prioridades

“Cortar”. Luego del trabajo es necesario desconectarse, realizar actividad física, dormir bien, dejar de lado el celular, dedicar tiempo para disfrutar de la familia, de los amigos y todo tipo de actividad que nos despeje.

 

Más información en:

http://www.who.int/occupational_health/publications/pwh3sp.pdf?ua=1

http://apps.who.int/iris/bitstream/10665/43770/1/9789243591650_spa.pdf