Menu Big Bang! News
Comunidad

Cuando la mente traiciona a la silueta

Estás viendo esta nota en: Modo Lectura Rápida

Ver nota completa

“Los pensamientos condicionan nuestras acciones, y si de nutrición se trata nunca debemos pensar obsesivamente en la comida. Cuando adoptamos una nueva dieta, nuestra mente suele centrarse en los alimentos que ingerimos cuando en realidad debería hacer todo lo contrario. El éxito de una nueva alimentación, en gran medida, depende de nuestra predisposición mental frente al desafío que implica cambiar el estilo de vida, sobre todo en lo que se refiere a la selección de los nutrientes. Sumado a ello, muchas veces nos alimentamos condicionado por prejuicios alimentarios infundados. Nada mejor que librarse de ellos para disfrutar la comida en su justa medida.”

Cuando seguimos una dieta tratamos de ajustarnos a un esquema de comidas y porciones que nos asegure perder kilos, comenzando con el desayuno como la primera ingesta de alimentos. Si adoptamos la conducta nutricional propuesta por la dieta debemos despreocuparnos por los resultados, pues vienen solos. Sin embargo, antes de probar el primer bocado del primer día de la dieta, ya estamos pensando que nos toca comer a media mañana, luego al almuerzo y así sucesivamente hasta la cena. Nuestra mente termina traicionando la voluntad para continuar la dieta y nos dirige a estar pendientes de qué comemos y qué dejamos de comer. El resultado es una tremenda ansiedad por devorarnos todo lo que nos pongan frente a nuestras narices. Terminamos actuando en un estado de continua supervivencia, es decir, necesitamos comer para asegurarnos una vida tranquila y sin problemas. La realidad luego demuestra todo lo contrario.
Por eso la práctica de contar calorías es poco efectiva para perder peso o mantenerlo, además de que genera conductas obsesivas y compulsivas que terminan desencadenando en trastornos más complejos que los “kilos de más”. Evitar cualquier acción que atente con un comportamiento consciente, coherente y saludable es un requisito indispensable para conseguir resultados exitosos en la búsqueda del peso ideal y la salud.

Nuestra mente suele traicionarnos con un falso argumento para justificar todos nuestros desarreglos alimenticios: “vivimos para comer”. No hay argumento posible que avale semejante mentira, el ser humano como cualquier ser vivo del planeta sólo necesita “comer para vivir”. Es muy frecuente engañarse a un mismo pensando cosas como “ese pedazo de torta me lo merezco”, cuando en realidad nadie se merece tener problemas con su peso y su salud. Está claro que “pensar sólo en comer” es una práctica que deberíamos evitar si deseamos disfrutar de una silueta esbelta y saludable. La comida debe ocupar un lugar importante, pero si adoptamos hábitos sanos de nutrición, no hay que destinar energía mental a ello pues ya lo tenemos interiorizado. Comer bien debe convertirse en una actividad diaria equivalente a cepillarse los dientes, una vez aprendida, pues nadie cuestiona sus beneficios. Incluso cuando interiorizamos un nuevo hábito, ya no sentimos que llevarlo a cabo implique un sacrificio o un esfuerzo adicional. Al hablar de nutrición, no es necesario obsesionarse, sino más bien informarse para tomar decisiones conscientes e inteligentes. El proceso de alimentarnos correctamente debe ser natural y espontáneo, sólo así será verdaderamente beneficioso para nuestro cuerpo y nuestra mente.

Otro aspecto importante en nutrición es la consideración —real o imaginaria— que tenemos sobre determinados alimentos. Esto hace que condenemos de manera tajante el consumo de unos alimentos y enaltezcamos el de otros. En este punto es preciso considerar cierta flexibilidad, es decir, aplicar algo de sentido común a la hora de elegir un alimento por sobre otro. En este sentido, lo natural no suele ser tan natural, y lo artificial no suele ser tan artificial. Al tener una visión extremista de los alimentos y la comida, corremos el riesgo de pecar de ingenuos. Es cierto que no todo lo que parece es, por eso es importante formarse como consumidores. La información mata el prejuicio y sin descuidar el sentido común, que es nuestro instinto más profundo de sabiduría y supervivencia natural.

Todo consumidor inteligente llega al punto de destacar el verdadero valor nutricional de cada alimento, sin ninguna suposición o prejuicio. Por ejemplo, los quesos duros son excelentes fuentes de Calcio, Hierro, Vitaminas y Proteínas, pero también aportan una gran cantidad de grasa saturada que puede dañar al corazón. Con la información es cómo podemos tomar decisiones acertadas a la hora de planificar nuestra dieta diaria.

Consejos para no obsesionarse con la comida

• No hay que poner toda la energía en un solo objetivo. La comida no debe ser el único motivo gratificante de la vida. Si así es, de seguro la mente tomará el control y los resultados para nuestra salud serán muy desalentadores.
• Practicar aunque más no sea un hobby, una actividad recreativa de una hora o poco más por día, es muy importante para distraer la mente y liberar tensiones. Disciplinarse, hacerse un espacio de una hora para escuchar música, para ver una película, ir a nadar, o simplemente caminar por la noche, es altamente efectivo para conseguir un equilibrio saludable. Además la comida pasa a un segundo plano.
• Recrear la vista y distender la mente cuando se está mucho tiempo en un mismo lugar (como en casa), o bajo mucha presión. Es recomendable salir a dar un paseo al aire libre, caminar unos minutos por un parque o plaza, o simplemente leer un libro. La comida nunca debe ser la opción para distenderse o para evitar el aburrimiento. Pues “comer a cualquier hora” es un factor que puede terminar en “kilos de más”.