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Dar la teta, una opción saludable juzgada socialmente

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Del 1 al 7 de agosto de cada año más de 170 países celebran la “Semana de la Lactancia Materna” con el objeto de fomentar su práctica y difundir los beneficios tanto para la salud de la mamá como para la del bebé. Pero ¿qué pasa con aquellas que optan por no dar el pecho?

 

Los beneficios

Psicológica y sentimentalmente, aseguran que se trata de un momento privilegiado en la relación entre madre e hijo, donde hay mucho más que alimento en juego ya que es considerado el medio más adecuado para brindar al bebé sensación de tranquilidad y seguridad, fomentar su autoestima y forjar su personalidad al mismo tiempo que se promueve el vínculo entre ambos.

Visiones más pragmáticas como las de la Organización Mundial de la Salud y UNICEF recomiendan la lactancia materna exclusiva y a demanda del bebé durante los seis primeros meses de vida y a partir de entonces su refuerzo con alimentos complementarios al menos hasta los dos años.

¿Los fundamentos? Estudios científicos aseguran que la leche materna promueve el desarrollo sensorial y cognitivo, además de proteger al bebé de enfermedades infecciosas y crónicas. Reduce la mortalidad infantil por enfermedades de la infancia, como la diarrea o la neumonía, y favorece un pronto restablecimiento en caso de enfermedad. Además, contribuye a la salud y el bienestar de la madre, ayuda a espaciar los embarazos, disminuye el riesgo de cáncer ovárico y mamario y reduce las posibilidades de contraer diabetes tipo 2 e hipertensión.

Mamadera, independencia y estética

Frente a las ventajas de dar la teta hay quienes consideran que hay otras cuestiones que también deben ser tenidas en cuenta. Optar por la mamadera aporta mayor independencia y practicidad ya que la madre deja de ser de manera exclusiva la provedora del alimento. En ese sentido el padre aumenta su participación pero también habilita a dejar al niño al cuidado de terceros. Por otro lado, le permite retomar sus tareas laborales y su rutina personal de manera más sencilla puesto que su estilo de vida no gira en torno a su pecho. Y claro, la estética también juega un rol. Basadas en mitos que los especialistas intentar destruir, la alimentación artificial es para muchas, la salida adecuada para no aumentar de peso y evitar que se caigan los pechos.

 

Lactarios, una ley a medio camino

En la Ciudad, a partir de un proyecto presentado por la legisladora Morales Gorleri se sancionó en el año 2008 la Ley N° 2958 por la cual se obliga a todas las instituciones del sector público donde trabajen más de 20 mujeres en edad fértil a contar con lactarios. Basicamente se trata de un espacio destinado a las madres que quieran amamantar o bien extraer y conservar la leche en horario laboral. Esa misma ley, fijó un plazo de 180 días para que los organismos mencionados adapten sus instalaciones pero, cumplido ese período, su efectivización es relativa.

No obstante, la mayor limitación consiste en que la normativa simplemente invita al sector privado a cumplirla. Es decir, mientras que las empleadas del sector privado tienen - en mayor o menor medida - su derecho garantizado, quienes se desarrollan en empresas privadas contarán con esta oportunidad sólo si sus jefes así lo desean.

El riesgo de la decisión. En un momento donde la salud “se ha puesto de moda” tenemos, sin embargo, derecho a elegir como alimentar a nuestros hijos sin ser juzgadas ni cuestionadas por nuestras decisiones, especialmente sobre las relacionadas con nuestro cuerpo. Pero para elegir correctamente, primero hay que saber y ser conscientes de los beneficios a los que vamos a privar a nuestros seres mas preciados.


Cecilia Baliani
@cecibaliani
@indexbaires
www.indexbaires.com