Menu Big Bang! News
Comunidad

Del parto al socorro

Estás viendo esta nota en: Modo Lectura Rápida

Ver nota completa

A propósito de la Nota "¿Estás preparada para ser Mamá?", va mi humilde colaboración. Humilde pero extensa, sólo para las que aún tienen tiempo, y ganas de perderlo...De San Luis, con amor.

A usted Señorita le hablo, a usted que pronto será Madre por vez primera; o debo decir Señora; ya que por alguna razón cuando nos transformamos en Madres, no sólo perdemos nuestro nombre de pila y dejamos de ser, en mi caso, Flopi, para pasar a ser Mamá:  Mamá dame, mamá traeme, mamá haceme, mamá, mamá y mamá. Decía  entonces, que sumado a esto,  los ocasionales interlocutores (comerciantes, taxistas, policías, médicos, etc.,  etc.) pasan a decirnos Señora;  si lo que cuelga de nuestro brazo ya no es una  Luis Buitton, sino un párvulo de meses. Es así. Como que inspirás respeto...

Mi querida es necesario alertarte sobre todo aquello que muy probablemente te sucederá y nadie te dirá... No verás en ninguna publicidad lo que voy a detallarte y si lo desconocés, como esta escriba, te sentirás horrible. Las publicidades sólo muestran madres impecables de los pies al alma, maquilladitas lo justo y necesario (recordá que son madres...), con cabellos lacios y brillantes y su pequeño bebé impresionantemente tranquilo en un acogedor e impecable hogar en donde todo brilla….

Y la verdad es otra. Definitivamente otra. Y para serte bien específica voy a contarte mi experiencia, a la que, detalles más, detalles menos, se suman la de varias pares que a lo largo de mis 22 años de madre.

Lamento desilusionarte bombona…. 9 meses no sirven más que para ayudarte (si es que en esa instancia de locura, dolor, curiosidad, intensidad, emociones increíbles, milagro y ese amor que, creeme, ese sì que es a primera vista. Pero cursos, obstetras copados, relatos de amigas, libros y artículos, podrán colaborar para que llegues a ese momento más tranquila. Aceptemos que el miedo nace en la ignorancia, pero de ninguna manera ni toda la teoría del mundo ni esos 9 meses te preparan para la inmediatez que se produce en tu vida con la llegada del primer hijo. Aunque hayamos sido sus “mulas” ese tiempo, ellos están ahì adentro, tranquilitos, y sobre nuestro ser pesa la responsabilidad de hacernos los controles, dejar por un tiempo el tabaco, el alcohol y demás yerbas.

Sucede entonces, que llegás al sanatorio con el bolso lleno de peluches, el camisón nuevo (porque en casa dormimos con la camiseta de fútbol del padre si lo hay), las pantuflas también nuevas, ropita para el bebé, que sólo te dura una semana, porque morfan desde que ven la luz,  ese horroroso broche para el pupo (y acà debuta una especie de ternura asquerosa y hace que por años guardemos esa gasa ensagrentada con algo que dijo el obstetra, era el pupito, y que con el transcurso del tiempo, a esa colección se le agregarán dientes, pelos y demás reliquias que sólo una madre (desequilibrada claro;  y me incluyo) puede guardar como si fuera un manuscrito de Borges o la pùa de Keith Richards….

Te decía entonces que llegás a tu ansiado parto con tu pareja, tu mamá (que sirve mucho màs que tu pareja en estos primeros días) y hacés tu ingreso en una silla de ruedas o camilla a abrirte de piernas, pujar, gemir, aguantar, direccionar la fuerza hacia abajo y no a la garganta (no sirve) y en mi caso que como te dije el papà no estaba y a  mi padres no los dejaron entrar , dirigiendo a un asistente de mi médico para que me filmara como yo querìa….Tenè en cuenta que la llegada de Tomás fue hace 20 años con lo cual la cámara era un armatoste muy pesado y lleno de botones…Cuando Ricardo, mi médico, me dijo “Basta!!! Estás pariendo, dejá de dirigir el parto que no sos Spielberg”, me aquieté y volví a concentrarme en mi trabajo, preguntando “Soy una madre controlada?” (porque en el curso de pre parto, siempre te hablaban de ser madres controladas para ayudar a la salida del bebé y no una loca capaz de arrancarle el ambo al Doc al grito de “Sacame esto de adentro ya!!!!!”.

 Pasé,  y no te exagero,  4 horas pujando;  y cuando preparaban el quirófano para cesárea porque el turrito no quería conocerme, pedí “otra oportunidad”, me colgué de unos caños que tenía cerca de mis hombros y como si fuera Mel Gibson en “Corazòn Valiente” antes de entrar en combate, pegué un grito o rugido estruendoso que hubiera asustado al mismísimo Fredy Kruger y al escuchar a la partera decir “Dale Mami (me olvidé, ellas son las primeras que te dicen Mami), que veo un payo” me dije éste es mi hijo (recordando al padre y su tonalidad capilar). Y entonces,  Tomi naciò….

Sólo ahì comencé a llorar. Cuando lo vì, cuando vi sus ojitos fijos en los míos y aunque sabía científicamente que mi rostro sólo era un borroncito para él, fui FELIZ. ¿Querés un Milagro? Ese es el señor de los Milagros, esos sentimientos nuevos, veloces,  en donde te decían exactamente la verdad de que la episiotomía (eso de que te cortan ahí abajito para que el bebé salga más fácil) ni la ibas a sentir. No la sentís.... Te pueden salir los 33 mineros chilenos de tus partes, que tu cabeza y tu corazón ya están en otra. En ese bebito, que es tuyo, y que cuando te ponen en tu pecho sino llorás es porque tenés mal el lagrimal….

Y entonces,  y recordándote lo que te decía respecto a la manera abrupta en que tu vida cambia, salís de donde entraste sola, con esa cosita chiquitita que a partir de ese momento, depende de vos para absolutamente todo. Desequilibrio hormonal, emocional, domèstico, econòmico. Desequilibrio total. Bello pero complejo reacomodarse a esta nueva vida maravillosa pero que cambió para siempre y en tan sólo un par de horas.

Una se acaba de enamorar de ese mocosito y ese amor será para siempre. De esto no hay dudas, màs bien si hemos sido, como en mi caso, bastante inestables afectivamente, entendemos asì de pronto, que hay amores que sì son eternos.

Y entonces empieza el baile: “Ponelo en la teta hasta que aprenda a chupar” “apretate el pezòn” (esto si tenés la suerte de que no te lo agarre la nurse y te lo estruje como si fueras una vaca). Lo mirás cada dos segundos a ver si respira y si no lo mirás igual porque no la podés creer, porque la emoción te ahoga y otra vez llorás,  y si asì se lo contàs a todo el mundo del mismo modo que hoy le cuento a todo el mundo que Tomàs empieza este año su 5to año de Arquitectura o que Manuelita mi hija más pequeña, le perdió el miedo a la oscuridad y ya duerme con la luz apagada , la intensidad es exactamente la misma, sólo cambian los logros de los retoños.

Y llegás a tu casa y estás lejísimo de ser la de la publicidad.

Màs bien sos una especie de pelota, que manda a comprar un salvavidas aunque sea Julio y nademos mejor que Meolans, porque alguien nos dijo que si te sentàs arriba de eso los puntos te joden menos y entonces te sentàs a darle la teta al pequeño; pero ante la primer tambaleada que ese dispositivo nos provoca,  lo revoleàs  al grito de “Esto no sirve para nada, se me va a caer la criatura!!!” Y vivìs llena de sensaciones cruzadas. Es lo màs bello del mundo dar de mamar a nuestros hijos, es realmente una experiencia increìble, sòlo que al principio cuesta, duele, no sabemos si “a demanda” o cada 3 horas, no vaya a ser que se acostumbre y esa “demanda” se prolongue a travès de los años y no paren de comer (en mi caso es justamente lo que me sucede con mis niños), y después de darle la teta no olvidarse por cuàl empezaste, lavàrtelas después, ponerles crema para que no te queden deformadas,  cambiarle los pañales, esperar a que se duerma, ir en una especie de milagro al baño y cuando te diste cuenta, ya pasaron las 3 horas y hay que empezar el ciclo nuevamente. Tu casa es un depòsito de Farmacity, hay mamaderas, chupetes, bodys, toallitas, baberos, òleo calcàreo, sonajeros, peluches, escarpines, gasitas, baby call. Aprovechàs cada visita de confianza para bañarte y peinarte un poco esos pelos que tenès agarrados de un gancho para no enredar al pequeño, no sabès què ropa ponerte porque la panza ya no està pero tu ex ropa no te entra ni en una pierna (y màs o menos lleva 7 meses que tu olvidado cuerpo vuelva a la normalidad…te dicen también; salvo que seas Pampita y no es el caso la mayoría de las veces…) y mientras;  andàs con un jean  que te cuelga, un remeròn estirado que te facilite la tarea de pelar teta, y lo ùnico que reconocès como propio son las zapatillas….No hay corrector de ojeras que te alcance porque dormìs cuando èl duerme, despertàndote igual, para, otra vez, mirar si respira….Como te digo, muy lejos de la Mamà que da la teta por la tele….

La depresiòn pos parto no es otra cosa que sentir que nuestra vida serà asì eternamente.

Una no està triste ni remotamente deprimida según los cànones psicoanalìticos. Una està desbordada y enamorada. Y no entiende porque no nos vemos radiantes….Y esto, creeme, pasa casi siempre y pasa casi siempre en unos dìas, un mes como mucho y ahì agarrate, porque se pone buenìsimo!!!

Y obvio, la naturaleza es sabia y uno vuelve a tener bebès. En mi caso, Manuela llegò hace 11 años a mi vida y todo fue distinto en cuanto a mis ansiedades e inexperiencia. Ahì volvió a doler como la mierda (y disculpen mi grosería, pero no puedo aquí acudir a un eufemismo), pero yo sabìa todo lo que vendrìa, entonces naturalmente me relajè y otra vez le di la bienvenida mirando esos ojos marrones inmensos con los que me mirò y la amè en ese instante y fue mucho màs fácil todo y como yo tenìa 35 y no 24, esta vez era yo la que con mucha alegrìa esperaba a que se despertara para ponerla a la teta mientras sus deditos me acariciaban la espalda…

Vos creerás que soy muy mala, y te juro que no; pero esta vez, también me tocó sola; me crucé con dos salames con toda la libertad para no quedarse conmigo y la misma libertad para quedarse con ellos. Por suerte al primer salame lo convertí, (a fuerza de empatía , comprensión y  de ubicarme en su lugar), en Jamón Serrano y conoció a su hijo 3 años después y se convirtió en un muy buen papá, con el que nos une mucho afecto. El otro…El otro quedó en salame nomás…

A pesar de esas ausencias en mis partos fue hermoso igual, y hoy, cada vez que veo un parto en una película, se me humedecen los ojos y el corazón vuelve a sentir exactamente lo mismo.

Y esto es en lo único que nos igualamos con las publicidades....

“Los personajes de esta crónica no son pura coincidencia y las semejanzas con la realidad…Son bien a propósito…”