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Decisiones erróneas, resoluciones injustas

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Lo hacen en caliente, la pasión juega en contra muchas veces. Es el caso de los principales protagonistas de este deporte: los jugadores. No miden el contexto, ya sea un partido de potrero sin importancia o en un partido correspondiente a un Mundial. No se los puede frenar, están fuera de sí, cualquier ser pensante no haría eso, menos un profesional. Es entendible, esos 10 segundos en los que están a mil revoluciones por segundo generan cosas que saben que están mal, pero no lo ven. Más tarde, cuando están en el vestuario con la mente en frío se arrepienten y no comprenden el porqué de su reacción. Pero parece no importar el ambiente en el que sucedieron los hechos, total lo que hicieron está mal, tienen que dar el ejemplo. Con ese pensamiento se dan a conocer las sanciones al día siguiente, queriendo dar suspensiones ejemplares.

No lo son, lejos están de eso. Más que ejemplares resultan siendo injustas, exageradas. Tratando a los jugadores como criminales, personas que cometieron un delito y que deben pagar. Se me viene a la mente el caso de Luis Suárez, suspendido por morder a un rival en un Mundial, echado de la concentración de la Selección de su país como un perro, maltratado por las absurdas leyes que hombres con traje quieren imponer. Dejan pasar cosas para hacerse respetar, como los sentimientos o el sentido común. Terminan perdiendo el respeto que quieren, por no pensar como seres humanos. Se toman muy en serio el papel de los dueños del fútbol. Pensamiento erróneo, los futbolistas son los dueños de la pelota, no ellos.

Hace poco ocurrió algo parecido, Neymar recibió una sorprendente sanción por “insultar” al árbitro en el partido contra Colombia. Todo comenzó con un pelotazo una vez terminado el partido contra Armero, luego se desató el caos, la ira del astro le jugó en contra, restó. Todo un partido siendo castigado por sus colegas colombianos, enfrente estaba Zuñiga, quien lo sacó del Mundial del año pasado en su país. Muchos factores incidían, era una bomba en cuenta regresiva.  Según se dio a entender, tuvo un cruce con el referí y ocurrieron cosas que solos ellos saben. Otra vez los dirigentes erraron la multa, 4 partidos afuera, dejando la Copa América sin una de sus figuras, dejando a miles de niños sin su ídolo, dejando al mundo del fútbol sin un verdadero crack. A ellos nada les importa, total nunca tocaron una pelota en su vida, no entienden que los sentimientos tiran, aunque sea por unos minutos.

Asqueroso, desleal, mala leche, cobarde. Un diccionario de palabras para definir a Gonzalo Jara, defensor chileno que, disculpen la vulgaridad, le metió el dedo en el orto a Cavani. Solo me sale de esa forma. Palo a palo con el codazo, una sino la jugada más desleal que utilizan los jugadores para provocar al rival. Lo peor no es eso. Aquí es donde aparece la bronca en mí y en muchas personas más: quien es provocado reacciona como es de esperar y termina expulsado casi siempre. ¿El agresor? Siga, siga. No se sanciona, el cobarde sigue dentro del rectángulo como si nada, con cara de póker. No solo paso con Cavani, ya se vio con jugadores como Valderrama, Riquelme, Lugüercio, entre tantos casos.

Se premia a la falsa picardía y se sanciona a los habilidosos, a los provocados, que en fin, son personas de carne y hueso, no son máquinas. Tienen reacciones esperadas, como cualquiera de nosotros haríamos si no provocan de esa manera. Estamos en medio de una época que prefiere ganar como sea, justificando las sanciones y las acciones dentro de la cancha, se pierde la belleza del juego. Vivimos en el mundo del revés, el arbitraje deja pegar, no se hace valer, no amonestan. Igual cada vez me sorprende menos, las reglas vienen desde arriba.