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El amor en los tiempos del dengue

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Como tantas otras niñas, mis primeros conocimientos respecto al amor me fueron develados por  películas como “La Cenicienta”, “La Bella Durmiente” o “Blanca Nieves y los siete enanitos” (a esta última con los años le di otra interpretación un tanto  más psicoanalítica…).

Así crecí, convencida de  que mi vida amorosa sería como en esas ternuras; casada con el Príncipe Azul, comiendo perdices (o asaditos, mariscos y mousse de chocolate) y viviendo felices.

De todas maneras hice caso omiso a los consejos de “esperar al Príncipe” y conseguí mi primer novio cambiándole una cajita de chupetines Lolly Pop por su amor…Sí, ya sé, una coimerita y descocada. Yo tenía 6 años y él también.

Se comió los chupetines y me hizo “mancha” sólo a mí en todos los recreos. Yo estaba enamoradísima y había encontrado una muy buena razón para saltar de la cama y correr a la escuela…Se llamaba Mariano.

El segundo gran amor lo tuve a los 7 (ya de chiquita era bastante inestable….). Vivía en Buenos Aires y mi pasión era ir sola a la librería y comprar cualquier cosa, porque  hasta el olor que emanaban lápices, gomas de borrar, papeles arañas, etc. me gustaba, no importaba si era un cuaderno “Tamborcito” o unos cartuchos “303”; yo en la librería era feliz.

Una tarde volvía  con mi bolsa de la librería Peluffo (aún recuerdo su nombre, estaba en Corrientes pasando ex Rawson, hoy Palestina, si no me equivoco), llevando  puesto un vestidito de jean con florcitas en las mangas, vestido que amaba ponerme, pero que sólo era para “pasear”, y  que a fuerza de besos y franelas, pude conseguir que mi Papá,  que estaba de visita en mi casa, me dejara poner sólo para ir a la librería.

Como nací con mis patitas bastante chuecas, debía usar zapatos ortopédicos que no lucían nada bien con mi precioso vestido, pero yo estaba acostumbrada y ya de niña pensaba que quién me tomara por Esposa, debía llevarse también mis piernas….Así que en realidad ahí estaba yo, caminando muy feliz con mis nuevos útiles, cuando veo  un grupo de jovencitos que no superaban los 8 años.

Al pasar a mi lado, uno de ellos me miró a los ojos y  dijo: “Adiós buena moza”.

Morí de amor instantáneamente. Un mundo de sensaciones!!!! Me mareé, las mariposas eran gaviotas, y como bien dice Serrat “No hay nada más bello que lo que nunca he tenido….” No hubo nada más bello que ese niño,  han pasado 39 años y yo sigo recordando su rostro…..que por supuesto, y como debía ser, no volví a ver nunca más en mi vida.

A los 9 yo todavía conservaba mi niñez intacta y hacía exactamente lo que sentía; de este modo cansada de esperar que Patricio, mi compañerito de 5to grado,  me declarara su amor, una tarde de visita en lo de mi Abuela que, a diferencia de nuestra casa,  tenía teléfono (téngase en cuenta que cuando yo era chica, y claro, ustedes también,  la tele era en blanco y negro, y no en todos los hogares había, entre otras cosas que directamente no existían,  teléfonos.),  aprovechando entonces  que la tecnología estaba en mis manos, agarré el aparato, disqué su número, pregunté por él, y cuando respondió,  dije sueltísima:  “Hola, habla  Florencia, quería preguntarte si vos gustás de mi”; él sólo pudo decir:  “Sí”,  a lo que retruqué:  “Entonces ¿querés ser mi novio?” y una vez más, volvió a darme un Sí.

 Yo, mujer al fin y ya pintando complicadita, sólo volví a preguntar: “¿Pero es porque te gusto o porque te lo pregunté?” y el niño respondió: “No, es porque me gustás”.

Ese noviazgo duró hasta que me trajeron a vivir a San Luis, incluso un tiempo más en que las cartas de amor que nos escribíamos prolongaron ese idilio. Yo tenía 11 años.

Y fui creciendo….y los años y el mundo de los grandes empezaron a confundirme…Y yo a equivocarme.

A decir No, cuando quería decir Sí.

A negar rotundamente en un Verdad Consecuencia, que la absoluta verdad era que ese galancito sí  me gustaba…¡¡¡Y cuánto!!!

A pedir un “tiempo” para pensar la respuesta a esa propuesta de noviazgo, cuando en realidad, no tenía absolutamente nada que pensar porque había esperado muchas fiestas de 15 seguidas esa pregunta y lo que quería,  era decir un SI grande y YA.

A poner el codo en un lento que marcara una distancia sólo racional, porque mi corazón en cambio,  moría porque esos brazos me abrazaran.

Y seguí equivocada….Esta vez en dirección contraria.

Me encontré diciendo Sí, cuando quería decir No.

Me encontré convencida de que la Economía y Finanzas me atrapaban, sólo para agradarle a alguien que estudiaba Contabilidad…..cuando en realidad me despertaban la misma emoción que el Índice Merval.

Me encontré diciendo, por la misma razón: “Sí, a mí la Fórmula 1 me encanta”,  debiendo taparme con la almohada, cuando un domingo a las 7 siete de la mañana los motores rugían en mis oídos.

Muchas veces me encontré haciendo cosas que no quería por la sencilla razón de que me quisieran.

Por supuesto, no era consciente de esto…pero un buen día y a fuerza de varios golpes, y  años con Elizabeth, rebautizada por mi como “la Sra. de Freud”,  entendí que me había perdido tratando de encontrarme en otro,  y muy de a poquito, entre otras cosas,  volví a mi niñez. A la más inocente infancia pero…con algunas cositas aprendidas que eran muy gratificantes.

Y entonces  me enamoré, sin ninguna postura equivocada, así nomás, sin adornos, ni estrategias. Y así me amaron y fui muy feliz y luego, y como canta el “Himno al Pesimismo”,  “todo tiene un final, todo termina”,  se me rompió el corazón, tanto pero tanto,  que decidí no volver a enamorarme nunca más.

A partir de ese instante tomé como frase guía de mi vida algo que dijo Michael Douglas, creo que en  “Un Crimen Perfecto”, a saber: “El amor es un invento de los intelectuales para evitar un suicidio colectivo”.

Y así  iba yo  por la vida,  blasfemando contra el amor….El mío, por supuesto, no el del resto, aunque es verdad también,  que a nadie le creía nada cuando me hablaban del amor por sus maridos, esposas o parejas.

Y cuando se trataba de alguna amiga o amigo, yo siempre me quedaba pensando: “Ya se te va a pasar, y ahí estaré yo para cuidarte cuando te revientes el alma contra el piso…”

Sí, un encanto de persona…

Pero….Momentito...Que esto no es todo.

Verán;  parece ser que uno no puede contra su esencia, y ya sola en la intimidad de mi habitación  y  mi corazón, me emocionaba absoluta e inevitablemente, cuando Harry le declaraba su amor a Sally un Año Nuevo, o cuando lo hacía Jack Nicholson a Helen Hunt en “Mejor Imposible”, o Al Pacino a Michelle Pfeiffer en “Frankie y Johnny”, o con el final de “Crímenes y Pecados” de Woody Allen, o Victoria Abril llorando mientras cantaba “Resistiré” en “Átame” y el final de “El Espejo tiene dos caras” y un Nessum Dorma impresionante.

Y como ésta, tantas otras canciones, que yo sentía como la Banda de Sonido de Mi Vida….

Y los pañuelitos descartables nunca  alcanzaban.

Y aunque, según mis amigos,  la acidez, la ironía y el humor, no me han abandonado en estas cuestiones, ( y sí en cambio me han salvado tantas veces) hoy soy un poquito, sólo un poquito,  más dócil y puedo reconocer sin sonrojarme, que en el terreno del amor a un hombre…..no sé absolutamente nada….Pero nada…..De nada….

Y si bien es cierto que todos estamos bastante jodidos, porque  este mundo no nos puede convencer de lo contrario, y, aceptémoslo, nosotros tampoco colaboramos mucho, hay quienes lo estamos  menos y por tercos o porfiados, aún podemos mantener algún sueño que nos desvele.

Y aunque lleve años manteniendo mi juramento de no volver a enamorarme, creo poder aceptar, sin renegar,  que si la Naturaleza, el Universo, Dios,  el Calendario Maya, San Expedito o la Divina  Providencia, me tienen guardadito un nuevo amor, esta vez no haré lo que escribió Borges:  “Es el amor….tendré que huir o esconderme tras los muros…”

Esto, claro, descansándome en que,  filosóficamente, uno sólo puede enamorarse de quien se enamora de uno.

El filósofo italiano,  Francesco Alberoni lo definió de la siguiente manera: “El enamoramiento es un movimiento colectivo de a dos”.

Así que sólo voy a enamorarme de quién se enamore de mí….

Igual, desde  los 6 años a esta parte, mi prosperidad económica ha crecido de tal manera, que hoy ya puedo cambiar mi amor, por 2 cajas de chupetines Lolly Pop y sumarle además un blister  de Rhodesias…

¿No suena tentador?

“Los personajes de esta crónica no son pura coincidencia y las semejanzas con la realidad, son bien a propósito…”