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El motor de la determinación

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El mejor o peor desempeño del ser humano no va ligado directamente al coeficiente de inteligencia que este posea. No por ser inteligentes debemos tener un rendimiento excelente y no necesariamente es suficiente argumento en el manejo de las circunstancias desafiantes de la vida.

Observando el entorno reflexiono, que la comprensión que pueda tener un personal especializado sobre un estudiante como individuo, luego como parte de un colectivo y la forma de aprendizaje que se coloque a disposición de estos desde una perspectiva motivacional y psicológica, hace una enorme diferencia. Analizar los escenarios que nos permitan establecer quien tiene éxito en una determinada área y no en otra, o en un momento de la vida y no otro,  depende de múltiples factores que conforman el universo de esa experiencia en su conjunto. Ejemplificando, si tomamos a un grupo de jóvenes que deciden incursionar por voluntad y convicción en el estudio de una determinada carrera, toda la dinámica a favor que se establezca sumará para el logro. Pero, ¿qué sucede cuando está presente una atmósfera en detrimento a este objetivo?, ¿cuáles serían esas posibles reacciones y de que dependerá permanecer y obtener resultados satisfactorios? ¿Cuál  podría  ser ese elemento indicativo que de un numeroso grupo que inicia una actividad, solo finalicen unos pocos? La determinación.

Podemos definir la determinación como la pasión y perseverancia para alcanzar metas a muy largo lazo.Implica resistencia a sobreponerse a naturalezas adversas, a aferrarse a la construcción de un futuro de a poco, asumiendo desde el inicio el compromiso y el esfuerzo como bandera, sin apresuramiento y con claridad meridiana. ¿Cómo podemos realizar una enseñanza dirigida a una ética de trabajo continúa?, ¿Cómo mantener motivadas en el tiempo a personas para la consecución de sus metas?, no poseo todas las respuestas pero de lo que si estoy absolutamente convencida, es que no es únicamente a base de talento e inteligencia de lo que haremos uso para enfrentar grandes retos.

La Dra. Carol Dweck de la Universidad de Stanford,  nos habla sobre la mentalidad de crecimiento y la define como la creencia de que la habilidad para aprender no es fija, de que cambia con el esfuerzo. Ahora bien, ello nos ubica en una predisposición distinta frente al fallo, identificándolo como una condición no permanente, haciendo que perseveremos cuando este se presenta. Esto es una forma de desarrollar la determinación, pero se necesita mucho más y es allí donde juegan un papel importante, las mejores ideas, la solidez de las instituciones para medir el poco o mucho éxito de lo que se esté realizando en la actualidad. Debemos estar dispuestos a fallar, a equivocarnos y a comenzar todo de nuevo con las lecciones aprendidas sin que ello implique un derrumbe o debilitamiento.

La invitación es a que seamos determinados a pesar de las circunstancias, a que esta forme parte de nuestro día a día e incentivarla en nuestros hijos como forjador de carácter. Apostemos a su desarrollo, a formar ciudadanos con mentalidad distinta ante el error o los quiebres, que no teman  intentarlo de nuevo, una y otra vez, a trabajar el extra que nos adelante un paso ante la dificultad y el revés respondiendo constructivamente ante ello. A que forme parte de nuestro atributo personal mas grande para mantenernos al frente por mucho mas tiempo en lo que decidamos emprender.