Menu Big Bang! News
Comunidad

El ajedrez del FpV

Estás viendo esta nota en: Modo Lectura Rápida

Ver nota completa

La elección de Zannini como compañero de  fórmula de Daniel Scioli clausuró de facto la interna del FpV. El plazo formal establecido por la ley electoral, hasta el sábado 20 de junio a las 23:59 era precisamente eso: una mera formalidad. Randazzo se sentió afuera de la contienda desde el sí a la candidatura a vicepresidente del secretario legal y técnico, quien precisamente fue el principal mentor de su insistencia presidencial.

A Randazzo se le abrieron dos caminos entonces. El primero era previsible, bajarse de la precandidatura a presidente. El segundo era aceptar competir en un terreno en el cual goza de buena imagen, pero que en sus aspiraciones era impensado; la gobernación de Buenos Aires.

Al ministro de Interior y Transporte no pueden mostrársele en este sentido archivos recientes que no soporte. Dijo que si no podía ser candidato a presidente no competiría por otra plaza. El acto de libertad más grande  de una persona es saber decir que no. Esta cita es de Albert Camus, y no encuadra en el peronismo, donde la palabra del líder equivale a designio irrenunciable.

Que la conductora (hasta diciembre al menos) del peronismo es Cristina Fernández de Kirchner es innegable. De su mano han salido casi todas las candidaturas que incluyen puestos de relevancia para La Cámpora en la ciudad de Buenos Aires y en el resto del país.

Sin embargo, la elección de Scioli no responde ni a elección personal como demuestra su discurso ayer en el acto en Rosario por el día de la bandera, donde señaló que “hay que pagar cierto precio por la libertad”, ni tampoco a un consenso con las distintas facciones que componen el kirchnerismo.

El peronismo es un movimiento complejo en el cual la interrelación de fuerzas es dinámica. En este movimiento de carácter heterogéneo, conviven fuerzas de centro izquierda, progresistas, y de centro derecha, a las cuales, solo la mano del líder puede direccionar para evitar divisiones. Cristina conduce con esa mano rectora al kirchnerismo. En él deben convivir La Cámpora y la Ola Naranja con lo que ello significa.

Elegir a Scioli sin embargo no fue producto de esta correlación de fuerzas, sino que tuvo su justificación desde los números de las encuestadoras. Scioli es quién garantiza una victoria, al menos en octubre, sin embargo si fuera a segunda vuelta contra cualquier otro candidato tendría chances comprometidas de ser presidente.

La presidente sabe de la tensa cuerda que une al kirchnerismo. Por eso apostó a Scioli no sin antes imponerle a un hombre de su plena confianza en la vicepresidencia. Zannini acompaña a los Kirchner antes de que estos fueran kirchneristas.

Del lado del gobernador de Buenos Aires hay un solo interés: Ser candidato y devenir en presidente. Es por esto que ni siquiera se molestó en mirar quién lo acompaña en las listas de diputados y senadores, que fueron copadas por La Cámpora y luego por sindicatos afines. Lejos aparecen nombres que son de confianza del gobernador de Buenos Aires.

Ni siquiera su propia sucesión en provincia parece representar un problema para Scioli. Ante ambas fórmulas del Kirchnerismo para competir en las PASO de agosto no presenta preferencias. Quizás a Ánibal Fernández mira con mejores ojos por las críticas que siempre expresó públicamente Julián Dominguez a la falta de “unidad básica y militancia” del ex motonauta.

Sí Scioli logra convencer a independientes e indecisos podrá alzarse con el triunfo sin necesidad de llegar al ballotage. En ese escenario se abrirá un juego que interpela al manual del peronismo básico.

En el decálogo elemental del peronismo dos cosas lo son todo: la conducción y la territorialidad. En este sentido,  el caso especial es que el conductor del movimiento estará fuera del poder ejecutivo y mirará las cosas sin ocupar ningún cargo ni legislativo, ni ejecutivo.

El caso de la territorialidad es más complejo. En el kirchnerismo duro apuestan a la teoría de “la manzana rodeada” para controlar cualquier intento rupturista de Scioli. La jugada tiene como eje apostar a una gran cantidad de diputados y senadores leales a la conducción que dinamiten cualquier acción de gobierno que contradiga los intereses del “proyecto”.

Para lograrlo juegan todas sus fichas a la fuerte presencia de sus organizaciones sociales en los barrios. Habrá una relación de fuerzas interesante, si consideramos que la territorialidad la tiene asegurada Scioli, quién supo capitalizar a los intendentes que volvieron al FpV luego de una breve intentona revolucionaria en el Frente Renovador.

Disponer del poder ejecutivo significa también disponer de asignación de recursos en obra pública. También podrá elegir a su gabinete, dato no menor y que no se disputa en la elección de octubre. El gabinete en este caso, podrá ser la fuerza que define en favor de Scioli la relación de fuerzas dentro del movimiento.

De un lado estarán las calles, la manzana rodeada desde el poder legislativo. Del otro el territorio y la billetera que supone el ejecutivo. El general Perón decía que los peronistas son como los gatos, cuando parece que se están peleando, en realidad se están reproduciendo.  En este caso la salida a un conflicto de intereses dentro del movimiento no escapa al manual básico del peronismo. Cristina sabe de lo arriesgado de su jugada. El liderazgo del movimiento puede cambiar de lugar a partir de diciembre. Dependerá de cómo se resuelve esa correlación de fuerzas que enfrentará la territorialidad con una manzana rodeada desde el segundo lugar del ejecutivo hasta el cuerpo legislativo.

El juego está abierto. El final también.