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El día que Cortázar conoció a Borges

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Los enemistaron desde el lenguaje, la ideología y hasta desde la escritura. Sin embargo, la relación que unió a Jorge Luis Borges con Julio Cortázar fue mucho más intensa de lo que los críticos quisieron instalar.

Según el propio autor de Rayuela reveló en una carta dirigida en 1964 a Francisco “Paco” Porrúa, su agente literario, la primera vez que se encontró en persona con Borges fue en el edificio de la Unesco en París. “Quedé hecho un pañuelo”, advirtió en su momento el autor de La otra orilla.

“No te podés imaginar cómo se me llenó el corazón de azúcar y de agua florida y de campanitas cuando, al cruzar el hall de la UNESCO con Aurora (Bernárdez, su primera mujer) para ir a tomarnos un café a la hora en que está terminantemente prohibido, y por lo tanto es muchísimo más sabroso, lo vimos a Borges con María Ester Vázquez, muy sentaditos en un sillón, probablemente esperando a Caillois”, destacó el escritor.

El encuentro de los argentinos en el extranjero fue, según Cortázar, emocionante. “Cuando me di cuenta, cuando reaccioné, ya estábamos abrazándonos con un afecto que me dejó sin habla. Fue algo maravilloso. Borges me apretó fuerte y ahí nomás me dijo: ‘Ah, Cortázar, a lo mejor usted se acuerda que yo le publiqué cosas suyas en aquella revista. ¿Cómo se llamaba la revista, che?’. Yo casi no podía hablar, porque el grado de idiotez al que llego en momentos así es casi sobrenatural, pero me emocionó tanto que se acordara con un orgullo de chico de esa labor de pionero que había hecho conmigo”, relató el autor de El libro de Manuel.

Por último y en clara alusión a las diferencias políticas que mantenía con el autor de El Aleph, Cortázar analizó la cobertura periodística que los medios locales le dieron a la visita del argentino y desestimó: “Por supuesto, los periodistas se ingeniaron como siempre para hacerle decir a Borges cuatro pavadas sobre política. Pero qué poco importa o, en todo caso, qué poco me importa”.