Menu Big Bang! News
Comunidad

El karma de encontrarse con un hombre histérico

Estás viendo esta nota en: Modo Lectura Rápida

Ver nota completa

Nunca me rebajé tanto por un hombre. Y lo que es peor: un hombre para nada lindo. Pero algo en él me podía, quizá su indiferencia o su manera de ignorarme. Me propuse ponerlo de rodillas ante mí: mis amigos varones decían que no existen los hombres histéricos. Que cualquier tipo es incapaz de decirle no a una mujer. Pero a mí no me pasó eso.

Los histéricos gozan dando vueltas y vueltas.

Le voy a cambiar el nombre para preservarlo. Lo voy a llamar Juan. Lo conocí en mi trabajo. Me ponía linda por él. Lo buscaba, le escribía mails, trataba de cruzármelo en la cocina del trabajo o armar un encuentro “casual” en la calle. Un día salí con él y le dije de ir a tomar una cerveza. Aceptó. No me quiero jactar de nada, pero muchos hombres me consideran linda, elogian mi cola y mi cara, en ese orden. Voy al grano: a Juan me le tiré encima después de la tercera cerveza, nos besamos pero al final puso excusas para no pasar la noche juntos. 

“Vamos más despacio”, “vengo de una relación difícil”, “nos puede comprometer en el trabajo”. Esas fueron algunas de sus justificaciones a la hora de evitar mis invitaciones para salir o encontrarnos en su casa o en la mía. “No pierdas el tiempo”, me aconsejó Elena, mi psicóloga. “Quizá sea gay”, remató y sentí más ganas de estar con él. Como lo imposible genera deseo, insistí y logré pasar la noche con Juan. Comprobé que yo también le gustaba y no era gay.

Los histéricos suelen ser celosos. 

“Hay hombres que nos llevan del encanto a la decepción sin escalas. Vienen y van; quieren, pero no están seguros; cuando están, ya se aburrieron. Cómo reconocerlos. En el plano sexual son una decepción”, leí en una nota en el suplemento femenino de Clarín. Pero con Juan no me pasó. Hoy estamos de novio y cada vez que lo cargo y le digo “histérico”, se ríe y me da la razón. Debo reconocer que al principio era un karma haberme vuelto loca por un histérico. Pero con el tiempo le encontré su sabor.