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El último juguete rabioso

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Los bazares de San Cristobal acabaron con las jugueterías. Las aniquilaron. Como si fuesen hermanos huérfanos que sobrevivieron a una purga de fábulas, los muñecos fueron distribuidos en paradas de diarios, locales de alquiler de películas truchas, casas de decoraciones, maxikioscos, "todo al costo" y cajitas felices. No existen compartimentos de felicidad en un lugar como ese. No hay mística en un lugar que vende tuppers con el mismo orgullo que una lámina de Molina Campos. Son locales que solo se sostienen porque hay gente en la puerta queriendo rebajar sus demonios.

No hay espacio en la avenida Entre Ríos para locales que vendan mundos paralelos sin reparar en la vela aromática o en el juego de cuchillos. La juguetería es el único lugar en donde no existen los parámetros por añadidura, ni asociaciones que contemplan comprar a Batman o a la Pantera Rosa sin llevar al resto de los personajes de la serie. No hay chango, ni doble bolsa. Por eso no convienen.

San Cristobal es un barrio en el que Dios le ganó a Freud, pero Freud le ganó a Disney. Conoce de memoria a todos los patronos, intuye saber quién es el dueño de la pelotudez (ese que nace de lo que se enciende, se convierte en panfleto y vive donde las avenidas cambian de nombre) pero desconoce por completo a los caseros de la fantasía.

En su avenida principal hay 2 veterinarias, 12 bares, 2 tiendas de café, 4 agencias de quinielas, 3 casas de música, 3 peluquerías, un par de rapi-pagos, 2 estaciones de servicio, 3 casas de empanadas, una unidad básica, 2 vinerías, 3 supermercados chinos, 10 kioscos , 2 centros de SPA, 3 locutorios y 6 bazares: ofrecen pavas, cortados en jarrito, nafta, suerte, destino, alisado definitivo, humita, dogmas, vino de misa, fiambre más barato, cigarrillos sueltos, cremas para el rejuvenecimiento facial, cristalería para suegras, llamadas de larga distancia, papel de regalo, juego de té, y hasta espermográmas. Pero todos se sacan el problema de la imaginación de encima. Sin juguetes, todos tenemos la misma edad: La abuela compra velas, la madre compra vasos, el padre busca sogas, el bebe gatea al lado de los peluches, y su hermana juega con la bola de la fuente de agua. Todo es para todos y antes de tiempo.

En "los ejércitos de la noche" de Norman Mailler, un grupo de pibes entra al pentágono a buscar "el mal" y se encuentra con una fotocopiadora y dos viejas tomando la merienda. El ingenio es como ese mal, no existe en ningún lugar ni en ningún objeto... pero hay gente que mata y hay gente que denuncia a Mickey desde la teoría del simulacro.

Los hombres de la avenida Entre Ríos desean la vida desde el carril exclusivo para taxis. Se equivocan cuando corren el biombo que separa la unidad coronaria de los trasplantes mamarios con el pretexto de que todo tiene olor a quirófano, y también lo hacen cuando putean a la enfermera por las fichas del televisor porque, en ese momento, uno de sus nietos juega a los autitos con la parte del cuerpo sana.

 
La parte es sana porque alguien juega.