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Fuga del siglo, cacería y el siniestro negocio del brutalismo

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La libertad es inherente a la esencia del ser humano, es la.piel misma. No se puede separar al hombre de la.piel y pretender que exista. Un preso es una persona encerrada y a veces con fecha de vencimiento. Ese es el negocio. Las cárceles. El negocio es el brutalismo. Jaulas para humanos, desconfío de las doctrinas epidérmicas, para humanizar el sistema penal.

Martín y Cristian Lanatta y Víctor Schillaci, al momento de ser recapturados.

Las reformas no alcanzaron los objetivos que las generaron. No se ha logrado mejorar la calidad de vida y las condiciones de los internos. Es como Cromañón: al  principio se clausuró hasta la.noche misma y al tiempo ocurrió Beara. Con la masacre de Magdalena se pensó que seria un punto de inflexión, por primera vez se habló del material de loa colchones, de ignifugar, de la imposibilidad de evacuar los edificios...pero al tiempo se favelizaron los pabellones.

La cacería desnudó internas policiales.

Es interesante como a través de este hecho prolongado en semanas, se tomó nota de la situación edilicia carcelaria y de la falta de medidas mínimas por no decir básicas (como la falta de un picaporte en una puerta clave), en las cuales los.abogados ejercemos nuestra profesión.

Martín Lanatta, el primer detenido.

Los tres prófugos del siglo no fueron indagados en Santa Fe. Fueron sacados de sus jueces naturales para traerlos "seguros", descalzos. Eso lo vio el mundo. Descalzos. Y no los indagaron; entonces habrá nulidades. Lo que hay por ahora son más de una decena de abogados de prófugos. Eso paso.