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“Lost”

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Al igual que a la popular serie norteamericana podríamos denominar lo hecho futbolísticamente por Boca Juniors en la final de la Supercopa Argentina ante San Lorenzo de Almagro.

El estadio cordobés "Mario Alberto Kempes" fue el escenario de una de las peores producciones futbolísticas del equipo dirigido por Rodolfo Arruabarrena, dado que desde un inicio se vio a un Boca falto de movilidad e inteligencia para hacerse del dominio del juego y así lastimar a un bien plantado San Lorenzo.

Tal era la quietud del mediocampo boquense que los encargados de transportar la pelota eran sus defensores centrales, con un “Cata” Díaz haciendo las veces de volante creativo, debido a que ni Peruzzi, ni Silva lograban ser opciones viables por afuera y Pablo Pérez no conseguía conectar a unos estáticos delanteros con los mediocampistas. El resultado: Reiterados pelotazos frontales en la búsqueda de un desconocido Carlos Tevez, quien todo así tuvo la más clara de su equipo luego de fallar un mano a mano ante Torrico.

De este modo se agotaba un primer tiempo deslucido (solamente embellecido por el golazo de Fernando Belluschi) donde San Lorenzo, más precavido de lo previsto, complicó a Boca a través de la movilidad de sus mediapuntas, ubicados a las espaldas de Andrés Cubas, a su vez con un Néstor Ortigoza fino a la hora de encontrar a sus compañeros y con la subida de sus laterales siempre punzantes. Igualmente, cabe agregar que no hubo marcada superioridad de los de Boedo.

En el segundo tiempo el DT de Boca decidió mover sus fichas, con lo cual pudimos ver a un Xeneize más agresivo, dinámico y vertical, aunque totalmente desorganizado jugando al viejo estilo “palo por palo”. En consecuencia, los santos manteniendo su plan original sumado a los acertados cambios de su técnico, para renovar el aire de su equipo pero no su juego, encontró una seguidilla de goles que decantaron en una inesperada goleada 4 a 0, produciéndose la ironía de que era el equipo de la rivera el que parecía jugar “a lo Guede”, es decir priorizando desesperadamente el ataque descuidando la defensiva.  

Así, sin movilidad, sin inteligencia, sin ideas, ni rebeldía Boca, de la mano de un desorientado Arruabarrena, pierde una vez más un partido importante. En este caso, la final de Supercopa Argentina ante un clásico rival como San Lorenzo. Ya es hora de la reacción, el compromiso y el trabajo antes de que sea demasiado tarde.