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La madurez política como deuda pendiente

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Tal vez sea por el gobierno que nos deja, con sus particulares formas autoritarias y divisorias, pero esta campaña ha estado sin dudas sumida en la hipocresía y en el odio. Ambos elementos completamente conectados. Ya sabemos como es nuestro viejo conocido el fpv, sin embargo en el panorama del balotaje se aproxima un nuevo actor como lo es cambiemos.

Y me encuentro pensando que incluso a menos de 20 días del acto final la idea de cambio propuesta por Mauricio Macri resulta aún difusa y poco definida. A lo que se suma que al igual que el resto de los candidatos, no ha expresado explícitamente cuales son los planes concretos una vez que ocupe el sillón de Rivadavia. Sin embargo, y continuando con mi reflexión, es tal vez su indefinición la que la convierte en una idea tan poderosa, ya que está ahí, lista para que la recojamos y la interpretemos a nuestro gusto. Pensemos bien: resulta una enorme tentación, una cosa realmente llamativa que nos permite evocar aquello que nos desagrada del kirchnerismo, de nuestro presente y de nuestro pasado. De este modo cualquier persona puede decir algo que no le guste o le moleste y transformarlo en algo positivo hacia futuro, después de todo la palabra cambio significa eso, reemplazar una cosa por otra, ya sea buena o mala. Y en el actual escenario político el cambio como promesa nos permite recoger esa esperanza que se esconde en nuestro interior para invitarnos a creer que algo diferente es posible, que podemos tener algo mejor y que obviamente queremos algo mejor.

          No obstante, al mismo tiempo resulta un núcleo poderosamente peligroso. Esto se debe a que todavía esperamos con ansias saber específicamente qué es lo que se supone que Macri no quiere y con qué pretende reemplazarlo. Por algún motivo esto ha empujado a algunas personas hacia una serie de actitudes hipócritas, o cuando menos contradictorias, de las que no son totalmente conscientes. Es así que podemos observar en las redes sociales a grupos de personas que en nombre del cambio se consideran rebeldes, patriotas, protagonistas de una épica legendaria para defender a la república de los corruptos y autoritarios que la destruyen, ya que para ellos la promesa Macrista significa eso. No obstante, en sus comentarios y publicaciones el cambio se desdibuja y lo nuevo comienza a parecerse demasiado a lo viejo. De este modo podemos ver que algunos invitan al diálogo a través de insultos; que exigen tolerancia a través de la homofobia, la xenofobia y las agresiones políticas; repudian la corrupción cuando se sospecha que esta existe en su interior; no utilizan los mismos criterios para valorar los fenómenos políticos; y lo más novedoso es que denuncian la campaña sucia a través de más campaña sucia. Esto es lo que más se puede ver en algunas redes sociales, no es todo, pero si lo más representativo de estas manifestaciones agresivas, ya que no hablo de pequeños grupos de whatsapp sino de multitudinarias páginas de facebook. Espacios virtuales en donde las personas creen hacer las cosas de un modo diferente e innovador, cuando en realidad no es así, y están reproduciendo viejas formas.  

          Un caso que tuvo amplia repercusión fue el caso del periodista Brancatelli, quien hace tiempo amenaza con irse del país si quien gana la presidencia es Macri. Fue el mismisimo candidato el que tuvo que salir en su defensa ya que frente a los resultados de la primera vuelta, masivamente los seguidores de cambiemos comenzaron a crear iniciativas en las redes sociales para despedir a Brancatelli en su exilio del país. 

           Por otro lado, en un caso más micro: hace unas horas una joven publicó en un grupo de facebook macrista que no podía entender por qué todavía había gente que votaba a Scioli, que ella buscaba los motivos para creer en él pero no los encontraba. Algunas personas que vieron la publicación malinterpretaron el mensaje y creyendo que la cosa iba en contra de Macri. A lo que comenzaron a insultarla y a exigir que la echaran del grupo, que se fuera a algún grupo "camporista", que era una lakra, que se le acababa la vagancia, etc. Hasta que otros usuarios, que habían entendido la intención, de la joven pusieron paños fríos a la situación.

          ¿Es todo lo que pasa allí? No, hay matices, al igual que en todos los partidos políticos. ¿Quién tiene la culpa? Bueno, creo que un gran paso es comenzar por nosotros mismos, pero sin terminar allí, pues también es uno de los roles que cumple toda la dirigencia política.

         A estas alturas es fácil decir: bueno, pero los K también son así. Exacto, indudablemente, pero no son ellos quienes se han puesto la camiseta de la renovación política, económica y social del país. Por otra parte, justificar los errores propios a través de los del otro, al igual que evadir preguntas/críticas, es un desperdicio de energía y tiempo que debemos evitar. Además, es a través del reconocimiento de los errores y la aceptación de las críticas que podemos corregir nuestro rumbo, aprender de ellos y así lograr los resultados que tanto anhelamos. 

         Es en pos de ello que debemos lograr que la política de nuestro país sea inteligente, pero más que ello, debemos construir una madurez política propia. Ello implica que decidamos responsablemente nuestro voto, pero también por quienes estamos dispuestos a militar. Decisión que tiene que estar fundamentada en elementos serios, comprobados con la mayor objetividad posible y desde todas las fuentes que tengamos a nuestra disposición. En otras palabras, debemos producir un verdadero cambio. Por eso esta reflexión no es un llamado a desechar la idea, sino una reivindicación de la misma. Es una invitación a que maduremos políticamente y seamos reflexivos ante lo que vamos a hacer, decir, compartir, twitear o retwitear. Dejemos de hacer por información falsa, por datos o hechos banales, o por aspectos que no son pertinentes como que no nos gusta Cristina porque es vieja y tiene arrugas, a Macri porque es cheto, a la Vidal porque es joven, a Estolbizer por su mirada o su voz, a Lilita porque es gorda, o nos oponemos al "manco" de Scioli etc. Que son expresiones que escuchamos cada día.

         Ese es el deseo de alguien que al igual que en las instancias anteriores, este 22 de noviembre va a votar en blanco. ¿Es imposible? Puede ser, pero es parte de la esperanza que mantengo aunque sea en el largo plazo. A quien se haya tomado el tiempo de leer: gracias. Saludos.