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¿Papá o progenitor?

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Hoy muchos festejan. Otros tantos se esconden más que nunca. Porque no hay dudas, si de padres se trata, sabemos que los hay de todo tipo: padres de sangre, padres de corazón. Padres compañeros, padres ausentes, padres amigos. Padres que dan la vida por sus hijos y padres que se limitan a cumplir con sus deberes. Están los violentos, los que esporádicamente recuerdan que engendraron y otros que nunca lo reconocen. Pero también hay mamás que tratan de cubrir ausencias y vacíos que los padres dejaron y hasta abuelos que ofician de papás de sus nietos. En consecuencia, los sentimientos que nos generan también son variados: por algunos sentimos admiración, devoción y un amor inconmensurable mientras que por otros sólo vergüenza, dolor e indignación.

 

Un buen padre: ¿regla o excepción?

Hay quienes damos por descontado que tener un buen padre es la regla y románticamente no concebimos otra imagen de papá que no sea la de pilar del hogar, guardián de la familia y ejemplo a seguir. No cabe en nuestra mente posibilidad de ejercer el rol de otro modo.

Sin embargo, el tiempo, la vida y las noticias demuestran que existe otra realidad. Hay padres que "sencillamente" no aman a sus hijos, no tienen interés en conocerlos o los abandonan sin que les tiemble el pulso. A algunos les resulta indiferente su salud, su alimentación, su educación y no participan de su crianza. Peor, hay padres que se divorcian de sus hijos, esconden sus sueldos especulando con la cuota alimentaria y hasta llegan a convertirlos en rehenes y objetos de venganza contra sus ex- parejas.

Sin dudas, los hay de más baja calaña todavía, como los que son capaces de ponerles precio y canjearlos por electrodomésticos, automóviles, inmuebles...

Y cuando creemos que ya perdimos nuestra capacidad de asombro descubrimos que aún nos queda margen para escandalizarnos cuando nos topamos con padres que tienen la llamativa "habilidad" de disfrutar la vida alegremente mientras juegan impunemente con la psicología de los chicos y "olvidan" sus obligaciones.

 

Obligaciones de los padres

Así las cosas, quienes supieron engendrar son conscientes que no hay ley capaz de obligarlos a tener sentimiento alguno hacia su descendencia. Engañan a la justicia, mienten a la sociedad y vuelven a golpear puertas años después pidiendo perdón y enumerando excusas. Pero si acaso quisieran recobrar la dignidad, pueden reivindicarse al menos, cumpliendo con sus obligaciones. En ese caso deben considerar como mínimo, lo prescrito por el Código Civil:

Artículo 265. Los hijos menores de edad están bajo la autoridad y cuidado de sus padres. Tienen éstos la obligación y el derecho de criar a sus hijos, alimentarlos y educarlos conforme a su condición y fortuna, no sólo con los bienes de los hijos, sino con los suyos propios.

Artículo 267. La obligación de alimentos comprende la satisfacción de las necesidades de los hijos en manutención, educación y esparcimiento, vestimenta, habitación, asistencia y gastos por enfermedad.

Artículo 271.  En caso de divorcio vincular, separación personal, separación de hecho o nulidad de matrimonio, incumbe siempre a ambos padres el deber de dar alimento a sus hijos y educarlos, no obstante que la tenencia sea ejercida por uno de ellos.”

ACLARACIÓN: En el presente artículo no se pretende exponer un decálogo de malas prácticas. En cambio, se aspira a llegar a algunas conciencias entendiendo que la relación padre-hijo se basa, principalmente, en el amor. Amor que no se hereda ni baja del cielo como acto divino. El amor se construye, se cuida y se realimenta día a día. En tanto que  la consanguinidad es sólo un dato y muchas veces, el menos relevante, es que se debe revisar la diferencia entre padre y progenitor.