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Píxels: solo para entendidos

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Pocas veces Adam Sandler se sale de su libreto. Es decir, Adam Sandler casi siempre actúa de Adam Sandler. Y Adam Sandler es como Perón o Bukowski: se lo ama o se lo aborrece; genera empatía o náuseas y no hay término medio. En Píxels, Adam Sandler vuelve a ser Adam Sandler. Es él: menudo buen samaritano que se repite una y otra y otra vez en varias de sus películas. Interpreta ese simple papel de sujeto agradable y difícil de detestar, ideal para tenerlo de amigo, telefonearlo un jueves por la noche y salir a tomar unas birras por ahí.

El que no guste del bueno de Adam, ahórrese el trastorno financiero que implica hoy ir al cine. Porque entre la entrada y los pochoclos y la coca y demás gajes de la salida, el bolsillo sale bastante mal herido. Pero lo cierto es que Píxels resulta un cúmulo de chistes –con frecuencia buenos y aceptables– aislados, sueltos y esporádicos. Un ritmo cómico poco constante que aun así alcanza para sostener un film entretenido hasta (pongámosle) la mitad del mismo. Porque en cierto momento emerge un quiebre imperceptible que deteriora la trama y paulatinamente va ganando en fuerza hasta el final. Es cuando uno advierte que solo un chico de 11, 12 o 13 años disfrutaría de la peli al máximo. Entonces, con cierta vergüencita interna, uno se pregunta qué es lo que está haciendo en esa butaca. Situación incómoda si las hay. Pero también hay respuesta: está viendo a Adam Sandler actuar de Adam Sandler y no hace falta más. Eso, para cualquier auténtico adamsandleriano, compensa cualquier gasto.

Recomendación: el doblaje al castellano es lamentable por dondequiera que se lo revise y ahonda confusiones. Si la cartelera del cine no anuncia el film subtitulado, entonces es conveniente aguardar por el DVD o Blue-Ray. En caso de tratarse de un auténtico adamsandleriano ansioso, es conveniente aguantarse las ganas y esperar.

En síntesis y explicado así nomás: Píxels es una película por momentos graciosa, con un gracioso argumento, que vale la pena ver si uno es del palo de Happy Madison Productions. Por lo demás, lo mejor radica en la increíble figura de la increíblemente encantadora Michelle Monaghan (imposible no amarla), y lo peor es el doblaje y algunos momentos de cursilería. Eso es Píxels. Eso y una buena alternativa para pasar el rato evocando los videojuegos más memorables de la historia y a gran escala, que inevitablemente propician un abrazo al pasado con una buena dosis de nostalgia.