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Quimioterapia para pensar y reflexionar

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Comencemos por esta similitud que tiene el tratamiento de quimioterapia con nuestra vida, los efectos secundarios que ésta produce en el organismo, contra los efectos secundarios que enfrentamos producto de nuestras acciones y omisiones. Mientras más estamos conectados con nuestra propia vida, disminuyen los riesgos o la influencia de efectos externos, mientras menos conectados estamos con nuestra vida mayor será el riesgo de los efectos secundarios a los que estamos expuestos, aunque no ausentes en su totalidad.

Por vía intravenosa nos administramos conceptos que son contrarios a nuestros principios de vida, a la salud, al crecimiento al reconocimiento. Vamos mermando gradualmente esos espacios que nos reconcilian con el fluir, con el dar con el agradecimiento para dar paso a temores, apegos, ira, odios, vanidad, soberbia entre otros, que nos conduce con ojos vendados a compartir las venas para el tratamiento.

Muchas personas llevan la vida como si hubiesen recibido un diagnóstico adverso, y cuando éste se hace realidad simplemente facilitan y refuerzan la creencia que le ha dado origen, otras llevan la vida en total automatismo. Se experimenta negación ante las distintas circunstancias que presenta la vida, evadimos, acudimos a fármacos hasta para anestesiar lo que sentimos, por ello le damos cabida con gran apertura a los tratamientos sin cuestionar, buscamos la píldora como el tips instantáneo para resolver lo que acontece. Atendemos con gran énfasis el efecto pero con frecuencia ignoramos las causas.

Tenemos defensas importantes para proteger el organismo de enfermedades, éstas se hallan en nuestras creencias y emociones pero le dedicamos poca atención y tiempo. Son las que crean manifestaciones a gran escala, de hecho significan un factor de riesgo en el origen de las enfermedades y en el éxito o no de los tratamientos, olvidamos que somos una realidad integral si es que en algún caso manejamos el concepto. Un gran número de personas deciden muy pocas veces como quieren vivir, entregándose a una corriente de las que sienten que no son responsables y de que han sido víctimas de eventos pocos afortunados. Curiosamente muchos no deciden cómo vivir pero si cómo morir.

Encontrar formas de mantenernos sanos es nuestra responsabilidad y no es un secreto que nuestro cuerpo funciona en conexión con la mente. La quimioterapia actúa en la destrucción e inhibición del crecimiento de células que enferman al organismo, más por su propia condición destruye células sanas; de la misma forma que conscientemente debemos controlar, monitorear y en mayor medida evitar agentes productores de enfermedades como ira, odio, miedos, que se comportan como la quimioterapia atacando las partes sanas del organismo. Naturalmente al analizar el origen de las enfermedades no es posible hacerlos bajo la premisa de una causa única, sino más bien como el resultado final de una interacción de múltiples factores, entre ellos el medio ambiente, los hábitos alimenticios, la herencia genética, etc.

Comenta el Dr. Arturo Eduardo Agüero autor del libro “Las emociones que enferman” que hay conflictos que no son fáciles de resolver. En este caso es necesario pedir ayuda porque si no se resuelven a tiempo, podrían afectar nuestro cuerpo o llegar a lesionar algún órgano. Debemos ponernos de pie como el mayor acto de consciencia y de responsabilidad individual para preguntarnos a qué vino a mi vida lo que consideramos enfermedades de alto impacto, para qué se presenta. Destaco una frase maravillosa del Dr. Ryke Gerd Hamer, “La enfermedad es un programa inteligente de la naturaleza tendente a decirle al individuo que está viviendo una situación que no le conviene”. Revertir esta s situaciones depende de acciones directas del individuo a fin de que no se repitan.

Los tratamientos y los fármacos están diseñados para realizar un trabajo en nuestro organismo como coadyuvante, más sin embargo no son lo único, no deben y no pueden ser lo único sin registrar un elemento tan importante como es el determinar las causas que han hecho necesaria su utilización. Seamos activos en cuanto a nuestras propias necesidades físicas, mentales y emocionales. Contribuyamos enormemente a la toma de conciencia y al trabajo constante sobre los inicios de lo que nos acontece, a la poca atención que nos dispensamos y en la forma como los distintos desafíos se van transformando hasta convertirse en verdaderos problemas que derivan en grandes enfermedades.

Reflexionemos en esa constante quimioterapia gradual que aplicamos a nuestra vida. Abordemos con responsabilidad y amabilidad lo que haya de nocivo y toxico en ella, evaluemos los riegos comprendiendo que la vida comienza y termina con nosotros y no tiene a quien más acudir para su cuidado.

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