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Que nunca te corten las piernas, Messi

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Es un barrilete cósmico. Y no importa el rival, el escenario, ni la instancia. Nunca importará. El pequeño gigante, el de la magistral definición, siempre tendrá un as bajo la manga para salirse del molde. Porque es de otra galaxia. Porque es de esos que salen cada un millón de años. Porque con su fútbol hizo más lindo al fútbol.

De derecha a izquierda, la clásica maniobra del principal acróbata del circo culé, el más vistoso del mundo. Casi siempre hace la misma jugada. Aún así, miles de Boatengs seguirán sin entender cómo fue que el mago Lionel hizo ése truco.

El santo de la zurda endiablada. El capitán silencioso, de bajo perfil, que sólo habla en la cancha… y calla a los charlatanes. Los deja mudos. Así son los grandes de verdad.

Héroe en Camp Nou, villano en el Bernabeú, en el Calderón, en Wembley, en el Olímpico de Roma o en el de Berlín o en dónde sea. No pudo el Real Madrid ni de local ni de visitante; tampoco el Bayern Múnich y la Juve en la Champions; menos River en Japón. Nadie podrá.

El niño eterno que jamás perderá de vista la pelota, su única obsesión. Le pegan, se levanta y sigue. En el potrero o en el Camp Nou. Con una pelota de trapo o con cinco Balones de Oro. Es lo mismo. Él sólo juega a la pelota; juega al fulbitoJuega, juega y nunca deja de jugar.

Si canta o no canta el himno, da lo mismo -el himno se siente-. Y si no juega con el tobillo inflado como una manzana, también. Sólo pido que nunca te corten las piernas, Lionel. 

Disfruto que seas uno de los nuestros, que juegues en el equipo de todos. Gracias por tu magia, Messi. Gracias por tu fútbol.