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El fútbol Argentino, un lugar sin respeto

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Hace algunas semanas, Juan Pablo Varsky describió el fútbol argentino como “Termolandia”. A mi entender, es una clara definición de lo que se vive cada fin de semana en las canchas de Argentina. Lo que tanto alaban los extranjeros, tanto los hinchas como los músicos, paso de ser una virtud a ser un defecto: la pasión. El hincha se acostumbró a hinchar por su propia hinchada, más que por el equipo en sí. El “que gane como sea, pero que gane” cada vez se escucha más en las canchas, en los bares, en las charlas entre amigos. Ya no se pide que se juegue bien, no se disfruta una buena pared o una demostración de fútbol. Al hincha solo le importa “demostrar” que ellos son los que más aguante tienen, los que más se la bancan, sin importarle las consecuencias. Cada vez sorprende menos la violencia con la que convivimos, una invasión o una batalla entre barras paso de llamarnos la atención a ser algo normal. Y eso es preocupante. Pareciera que no tenemos limites, que siempre se busca traspasar una barrera, ir cada vez más lejos, creyéndonos que sabemos todo y que somos los mejores.

Tal es la admiración por nosotros mismos, que se llegó al punto de escupir e insultar a alguien como Messi en Japón. Sí, es real, pero solo unos energúmenos son capaces de eso. O no les gusta el fútbol o se confundieron de persona. Es frecuente escuchar una pelea sin sentido entre hinchas del equipo A y el equipo B, sin fundamento alguno sobre cosas a las cuales no tendríamos que darles importancia: “Yo lleve más gente a tal lugar” ”Vos arrugaste en tal partido”. Una clara referencia de eso es el famoso “El que no salta abandonó”, el cantico más mentiroso de los últimos tiempos usado tanto por River como por Boca.

Hasta que no nos demos cuenta que este no es el camino, no podremos ser una potencia futbolística. Si no podemos ni siquiera respetar al otro, no vamos a poder competir lícitamente y sin grietas. Ojo, esto no sucede solamente en el fútbol, también pasa en la sociedad, donde todos viven a mil pulsaciones y reaccionan de cualquier forma, justificando barbaridades. La locura nos está desbordando y no estamos sabiendo controlarla.