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Volver a Perón

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La conformación del Bloque Justicialista en la Cámara de Diputados de la Nación, suponía, de mínima, un análisis de quienes conducen el Frente para La Victoria. Que quince legisladores que respondieron leales y  orgánicos a la ex Presidenta de la Nación, cinco gobernadores y la mayor parte del Movimiento Obrero Organizado que respondió de manera incondicional a Cristina, protagonicen una salida del Frente para La Victoria y planteen un cambio de estrategia electoral hacia el futuro, no es un dato menor y merecería cierto “baño de humildad” de quienes condujeron la campaña, armaron las listas y diseñaron estrategias que terminaron en una de las peores derrotas electorales de la historia. Por el contrario, los principales actores políticos, en varias ocasiones exégetas de la ex Presidenta, salieron a descalificar a quienes hasta hace un par de meses acompañaron y protagonizaron el mismo proyecto político que los contenía a todos.

Es que el problema no está en cuestionar a Cristina Fernández de Kirchner como Jefa de Estado. Se podrá tener distintos matices dentro del campo popular, pero sin dudas fue una de las mejores estadistas que tuvo el país. Visionaria como pocos dirigentes, con una determinación y una lucidez admirable, llevó adelante un proyecto reformista que generó ampliación de derechos, industrialización del país, generación de puestos de trabajo, y restitución de derechos vulnerados por el estado en otros tiempos. Sin olvidar el avance en DDHH. Histórico.

La discusión que está saliendo a la superficie, (internamente ya se habla desde hace rato), son las decisiones que Cristina, y su selecto grupo de asesores, tomaron respecto de lo que era una contienda electoral y no medidas de estado. O sea, conducción. Si bien es cierto que la influencia de los medios hegemónicos junto a las corporaciones económicas jugaron muy fuerte para que la derecha representada por Macri, se hiciera con el poder, no reconocer que hubo errores en el armado de listas y en la estrategia de comunicación sería una negación infantil.

Sin llegar a la teoría “perdamos y vuelve”, al menos son curiosas ciertas actitudes del ala dura del Kirchnerísmo, que hacen pensar que no querían a Scioli Presidente. Por caso, bajar a Florencio Randazzo de un plumazo y no permitir ir a las PASO (El Chivilcoyense se enteró por la televisión que el candidato a vice en la fórmula con Scioli era Zaninni, quien todos los días le decía que sería ungido por Cristina para sucederla), permitir que Aníbal Fernández (uno de los hombres de mayor imagen negativa del Gobierno encabezara la fórmula para la PBA junto a Sabattella (resistido por el Peronismo), encabezar en cada lista de legisladores nacionales y provinciales con hombres y mujeres de La Cámpora, con alto rechazo social (como el caso de Kicillof en Caba, que obtuvo la peor derrota de la historia en ese distrito), entre otras.

Pero además, en un rápido ejercicio de memoria podríamos citar varios ninguneos y destratos a Scioli hasta que Cristina lo angeló. Juliana Di Tulio, hoy una de las más encarnizadas contra el Peronismo que se rearma con otras estrategias, era una de las que le reclamada a Scioli que “aguante los trapos”. El colectivo intelectual de Carta Abierta riendo burlonamente de un problema físico del entonces Gobernador de la Provincia de Buenos Aires. El tan reclamado ciclo 678, jugando abiertamente para Randazzo, acusaba a Scioli de ser lo mismo que Massa y Macri ante los fondos buitre, o criticaba la participación del ex moto nauta en el Espacio Clarín, en Mar del Plata.  O recordemos al propio Aníbal Fernández, que con su acostumbrada verborragia acusaba de obscena la actitud de Scioli de pretender suceder a Cristina.

 Incluso, a pocos días de la primera vuelta, la falta de acompañamiento a Scioli era tan evidente como irrespetuosa. El propio Axel Kicillof, cerró “su” campaña como primer candidato a Diputado por Caba con un acto un día antes que el cierre de campaña de Scioli. Fue un acto lleno de consignas a favor de la, por entonces Presidenta y Kicillof no nombró ni una sola vez a Scioli como candidato a Presidente de la Nación. Fue un acto camporista donde ni se cantó la marcha.

Ni hablar de la noche de los resultados de la primera vuelta. Mientras Scioli esperaba los números oficiales del escrutinio en el Luna Park, Aníbal Fernández junto a la Cámpora estaban esperando ganar en la provincia, recluidos en un hotel de la capital a tan solo 5 cuadras de donde se encontraba Scioli.

También es cierto que defender la gestión de ocho años en la provincia de Buenos de Daniel Scioli, se hizo muy cuesta arriba en la campaña. Sectores históricamente enfrentados con el ex Gobernador por los bajos salarios, como los docentes (227.000 trabajadores y la policía (63.000 efectivos), el estado de la mayoría de las rutas y un sistema de salud muy desmejorado, se daba de patadas con Ola Naranja que prometía “la gran Argentina”.

Pero aún así, luego del desmadre de las elecciones generales, fueron muy pocos los que salieron a ponerle el pecho a una situación electoral muy adversa. Los intendentes que perdieron en su distrito tiraron una bomba de humo y desaparecieron. Precisamente, los sectores que fueron responsables del armado de listas, y estrategias de campaña, se guardaron a ver como acomodaban sus “soldados” y no pegaron un solo afiche, no repartieron un volante ni movieron un pelo para que Scioli ganara. Fue la militancia espontanea, mas en contra de Macri que a favor de Scioli la que salió de manera inorgánica a recorrer plazas y barrios, comedores y unidades básicas, cuando la derrota estaba a la vuelta de la esquina. Solo una parte del movimiento obrero organizado, que puso militancia, plata y tiempo, y algunos dirigentes políticos como Bossio, Julián Domínguez, Collia y alguito más, se salvan del apartheid que sufrió Scioli en las últimas semanas antes del ballotage.

Sin embargo, los que se escondieron y se refugiaron en el pensamiento mágico de una vuelta triunfal de Cristina, luego de que el país se incendiara, hoy son los que llaman traidores a los que trabajaron para que Macri no llevara a cabo lo que hoy vemos con tristeza y dolor.

¿En qué cabeza puede entrar la loca teoría de que si Macri se fuera con el país destrozado en un helicóptero (cosa que no creo que ocurra), va a volver es Cristina? ¿Acaso no hemos comprobado el alto nivel de rechazo que posee la ex Presidenta? Fabricado por los medios, alimentado por el odio, fogoneado por las corporaciones o por lo que sea, electoralmente, Cristina no sería una opción para pilotear un país cayendo en picada. ¿A quién puede convenirle la teoría de cuanto peor mejor y que Macri se vaya lo antes posible? ¿No hemos visto en repetidas partes de nuestra historia que cuando al país le fue mal, el costo siempre lo pagamos los trabajadores y los sectores más vulnerables de la sociedad? ¿O algún delirante cree con seriedad que un dirigente tan desgastado ante la sociedad como Máximo Kirchner sería elegido por el pueblo para apagar un incendio?

Es obvio que ha llegado la hora de tener mucha responsabilidad y madurez política para entender que mientras sigamos utilizando las mismas herramientas electorales que hasta ahora no vamos a volver a enamorar a la sociedad. ¿O alguno pensó que con memes burlándose de Macri pueden erosionar el poder de un gerente del directorio más rancio de la derecha argentina? Y cuando hablo de responsabilidad, me refiero a esos diputados o senadores que están creídos que bajan de Sierra Maestra a combatir, sin darse por enterados que el 22 de noviembre se perdió en todas las principales líneas de los distritos más grandes del país de manera legítima. Es Democracia. . Esos aventureros, puestos en las listas a dedo, a diferencia de los gobernadores, intendentes y dirigentes sindicales, que deben responder a diario a las necesidades de sueldos, obras, y beneficios a la población, solo miran como proteger su “orga” y prefieren defender a Sabbatella o Victor Hugo que tener la responsabilidad de dar debate en el congreso.

Es lamentable, pero muchos dirigentes juveniles que se arrogan la representatividad del conjunto de la militancia más joven, envejecieron de golpe y están tan llenos de mañas como cualquiera.

Si no hay una autocritica real, sincera y comprometida, el Frente para La Victoria quedará resumido a un conjunto de voluntades intensas pero incapaces de construir políticas de mayorías, que son las que al final, terminan cambiando la vida de las personas. El Frente para la Victoria sin el Peronismo es una barcaza a la deriva con algunos pescadores gritando sin caña de pescar.

Ahora bien. El Peronismo también se debe un debate. Si bien es cierto que en los últimos años dejó de ser la conducción del Frente para La Victoria, también es para reflexionar como dejaron que la billetera de la Casa Rosada fuera desgranando de a poco al partido político más grande de Latinoamérica. Si el peronismo no se reconstruye no hay ninguna posibilidad de retomar un rumbo de políticas similares a los últimos doce años.

Ese será el desafío de los dirigentes que tengan más tranquilidad y paciencia para contener a los sectores que son expulsados cada día de un espacio que se terminó el 22 de octubre. Si lo logran, se podrá dar una pelea digna en 2017 y hasta tener alguna esperanza en 2019. Con los cantitos, las pecheras y la mística de agregarle versos a la marcha Peronista, ya se perdió. Ahora es el momento de volver a Perón.