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Yo fui Rolando Rivas

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Cuando tenía apenas 6, y un charco era un Océano y la muerte no existía, todo pasaba en la tele. Esa enorme tele blanco y negro, que después de cenar, veíamos a oscuras, y que solo tenía cuatro canales y se clavaba los lunes a las 21 en el Trece. Afuera, en la calle, no pasaba ni el gato, porque en las casas todos, pero todos, veíamos Rolando Rivas. La historia de un taxista, que protagonizaba Claudio García Satur- el galán del momento-, laburante, que vivía con padres, hermana solterona y demás familia, en una vieja casa chorizo con patio, que ya no existen. Rolando tenía a su novia de barrio, justo enfrente, pero laburando en el tacho conoce a Mónica Helguera Paz. El ser más bello que yo había visto en mi corta vida. Y Rolando también. La historia tenía todo el talebto que salía del cráneo de Alberto Migré: pasiones, odios, peleas, amor, traición y demás. A mí me impactaba tan los tremendos besos apasionados que Rolando y Mónica se daban, que no tuve mejor idea que llevarlo a la práctica. Y así fue como en ese año, iniciando la primaria, con mi compañerita Estela, rubia, linda y de labios carnosos, que también veía la novela y estaba enamorada de Rolando, llevamos a la realidad nuestra fantasía.

Pedíamos permiso para ir al baño, uno tras del otro. Entonces nos encerrábamos en el baño, era indistinto si era el de nenes o nenas; nos parábamos arriba de un inodoro, para que nadie note nuestra presencia y nos entregábamos al ritual. Ella era Mónica y yo Rolando. Fueron mis primeros besos, cargados de fantasía y de amor. Pero eran largos besos con la boca abierta. Al final de cuentas éramos dos niños que ni siquiera sabían qué hacer con sus lenguas. Pero lo cierto era que así se besaban Rolando y Mónica en la tele. Y nosotros eramos ellos. Y así todos los días, nos reservábamos ese tiempo para nosotros. Para los besos. Para Rolando y Mónica. Para nuestra fantasía. Eran tiempos muy felices. Y aún hoy, que lo escribo aquí y lo recuerdo, me emociona y me da ternura. Estela, se fue del colegio a fin de año y con ella se fue de mi vida Mónica Helguera Paz. La extrañé todo el verano. Y yo, me resigné a dejar a Rolando, y volver a ser Batman, como siempre.