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El lente detrás de los Stones

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La instantánea de un show de los Rolling Stones es una “fotografía” a la que hoy se  puede acceder con sólo pagar una entrada. Un ticket, en ocasiones un tanto oneroso. Pero eso no es más que un recorte ínfimo en la vida de quienes fueron la banda de sonido de tres generaciones.

La enormidad de sus figuras moviéndose en un escenario con la comodidad de haber estado siempre allí, algo de lo que muy pocos pueden presumir, alberga una inmensa historia de giras, discos, encuentros y desencuentros.

La historia llega a estas pampas y lo hace en formato fotográfico, de la mano de quien fuera uno de sus biógrafos visuales, el fotógrafo Michael Copper.

La familia del ya fallecido Cooper, le hace honor a la historia que su lente construyó con los británicos en el paso a paso de su recorrido musical.

Early Stones no es sólo un retrato de los Stones, es una exposición donde la explosión de los años sesenta se hace vívida a través de cada fotograma. Andy Warhol, Audrey Hepburn, Marcel Duchamp, William Burroughs y René Magritte también fueron presa de su mirada. Cada uno de ellos refleja tanto la escena musical británica como el aire político, económico y cultural de esos años de ebullición.

Entre esas imágenes comienza a aparecer la figura de los Rolling Stones, donde en un cuidado recorrido cronológico se puede vivenciar como la figura de los cinco –en esos tiempos- de Londres comenzaba a agigantarse.

Cooper fue autor de de la tapa de Their Satanic Majesties Request (1967) y un testigo participe en la vida de la banda. Así es como la cotidianidad en familia de unos muy jóvenes stones, las largas sesiones en el estudio de grabación, las giras y hasta un encuentro revelador entre Lennon y Jagger, o un Hendrix en camarines, son algunas perlitas de un costado no tan conocido, ni explosivo de unos verdaderos sobrevivientes del rock.

Cooper subo captar momentos inéditos, sin resabios de grandeza, que recortan la simpleza del día a día de los Stones. Él también supo construir su propia leyenda. Su muerte causada por una sobredosis de heroína a los 32 años, puso el ojo sobre su figura y el rol en la vida de la banda.

Hoy su obra llega a Ciudad Cultural Konex, con la curaduría de su hijo y su mujer Adam y Silvia Cooper, quienes mantienen vivo su legado.