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Show después de la expulsión

Brian, el "hermanito" que no logra salir de la violencia

Creció con un padre alcohólico y abusivo, que abandonó a su familia. En la casa de Gran Hermano trató de escapar de esa historia, pero la relación con Marian lo llevó a mostrar su peor cara.

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Brian Lanzelotta era, quizá, el participante más carismático de Gran Hermano. Impulsivo y frontal, supo cosechar el apoyo de los televidentes a base de una personalidad magnética.

El noviazgo con Marian fue una de las subtramas más potentes del programa. Y fue también una relación tormentosa, que alcanzó picos de confrontación muy incómodos.

Una relación con idas y vueltas.

Hasta que este viernes, el vaso rebalsó: Brian le dio un cachetazo que lo hizo blanco de todas las críticas y lo dejó afuera de la casa.

Brian parece estar perdiendo la pelea contra sus orígenes. “Soy un sobreviviente -dijo ni bien entró a la casa-. Pude zafar de las peores cosas que podés enfrentar en la vida. Mi viejo me obligaba a salir a robar, pero no soy un chorro”.

Esta noche, después de la agresión, le dijo a Jorge Rial: “Mi viejo era un sorete y yo soy igual que él”.

una historia violenta

En una entrevista con la revista Gente, su hermana Vanesa había recordado:

Mi padre siempre estaba zarpado, muy mal. Nos obligaba a hacer cosas que no queríamos. Ibamos por la calle con él, veía algo, nos apretaba las manos y nos hacía agarrar lo que teníamos cerca. Después, a salir corriendo. Era más rastrero que ladrón. Una vez, a los siete años, Brian tuvo que agarrar una bolsa de pelotas de un kiosco y salir rajando. Sólo lo hacía de pibe, y porque papá estaba metido en un mambo jodido. Lo obedecíamos para que no se pusiera violento.

En esa nota, su otro hermano Eloy celebraba que “por suerte, ninguno en la familia terminó chorro”.

Después de que Juan Carlos los abandonara y muriera de una cirrosis, todos debieron salir a hacer changas.

Brian tuvo un padre ladrón.

Ahora viven en la casa que lleva adelante su mamá Miriam, en un barrio humilde La Tablada.

Uno de los momentos más emocionantes de Gran Hermano había sido precisamente la visita de la madre a su hijo: le llevó milanesas caseras con papas fritas, se reencontraron entre lágrimas y se abrazaron.

Una escena que se repetirá pronto, ahora en La Tablada.