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Sábanas sucias y mugre: los secretos de la mansión Playboy

Show El magnate al descubierto

Sábanas sucias y mugre: los secretos de la mansión Playboy

Las ex conejitas rompieron el silencio y revelaron insólitos detalles de su paso por la propiedad de Hugh Hefner.

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De la fantasía a la realidad. Cientos de conejitas pasaron por las puertas (y las sábanas) de una de las mansiones más famosas del mundo. Pero el glamour que intenta exponer Hugh Henfer quedó en jaque después de que las “rubias arrepentidas” revelaran, poco a poco, los secretos más oscuros de Playboy.

Alfombras sucias y suciedad de perro

Aunque invierte fortunas para que su staff de empleados mantengan las instalaciones en perfecto estado, Izabella St. James reveló en su libro Bunny tales: behind closed doors que el dormitorio del empresario de medios es uno de los más sucios del lugar.

“Hef estaba acostumbrado a tener alfombras sucias. La de su habitación no había sido cambiada por años y todo empeoró cuando Holly Madison se mudó a su habitación como la novia número uno y llevó con ella a sus dos perros. No estaban entrenados y hacían sus necesidades en la alfombra”, señaló horrorizada.

“Hef estaba acostumbrado a tener alfombras sucias. La de su habitación no había sido cambiada por años y todo empeoró cuando Holly Madison ahí con sus perros

Sábanas viejas y percudidas

Los lujos quedan sólo para las fiestas y los invitados internacionales. “Hacíamos todo lo posible por decorar nuestras habitaciones y que se parezcan más a un hogar, pero nos daban sábanas y acolchados que daban asco de lo viejas, manchadas gastadas que estaban”, sumó Izabella, una de las mayores críticas de Hefner.

Este era el dormitorio de Izabella en la mansión. Denunció que el acolchado que le dieron era “viejo” y “sucio”.

Reporte semanal al estilo militar

Los viernes, según St. James, era el día elegido por el empresario para que sus conejitas le rindieran cuenta de sus actividades a cambio del pago semanal: mil dólares. “Teníamos que ir a su habitación. Era el momento en el que aprovechaba para quejarse de todo lo que no le gustaba sobre nuestra relación. En especial, si las novias no participábamos mucho de las fiestas sexuales que él organizaba”, denunció.

Hefner estableció una reunión semanal para “seguir de cerca” a sus chicas. Les paga mil dólares a la semana.

Control y el reglamento de convivencia

Si hacías algo mal, te llegaba de inmediato un correo electrónico. Había un estricto código de conducta. Hasta armaron reglas sobre cómo debíamos usar Instagram y Twitter”, se quejó Mellisa Howe. “Tampoco podíamos llevar chicos a la mansión. Esa era la regla número uno: nada de chicos. Esa fue la principal razón por la que nos fuimos”, sumó Karissa Shannon.

El millonario no permite que otros hombres ingresen a las instalaciones. Es muy celoso de sus novias.

El mito de las fiestas locas

Aunque hizo del desenfreno su marca registrada, las ex conejitas denunciaron que la intimidad con Hefner era triste. “Simplemente se quedaba tirado en su cama, con una erección falsa. Y hacía que las chicas se subieran arriba de él por dos minutos, mientras las otras lo alentaban con gritos”, recordó Jill Ann Spaulding.

Las ex conejitas lo acusaron de tener que tomar la pastillita azul para poder ayudarse en la intimidad.

“Es como estar con un abuelo. Hace poco tuvieron que llamar a la enfermería porque Hef se había caído en la gruta (el sector reservado de la pileta)”, agregó Carla Howe.