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Sirvientes, templos y yates: las vacaciones de Brad Pitt y Angelina

La pareja recibió el año en Tailandia junto a sus seis hijos. Llegaron en un jet privado y se hospedaron en el complejo más exclusivo del país.

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Si hay crisis, que no se note. Brad Pitt y Angelina Jolie recibieron el año en Tailandia junto a sus seis hijos. La pareja, que afronta serios rumores de separación, invirtió una fortuna para poder celebrar el Año Nuevo en el resort más exclusivo del sudeste asiático. Lujos y excentricidades a la orden del día.

La pareja viajó al sudeste asiático para celebrar la llegada del 2016.

Según consignó el Daily Mail, los actores desembolsaron 18 mil dólares diarios para acceder a la suite imperial del Amanpuri resort de Phuket, ubicado a escasos metros de una de las playas más exclusivas del país. El complejo privado, de casi mil metros cuadrados, cuenta con diez habitaciones en sus dos plantas, pileta privada, jets de agua, salida al mar, gimnasio y cocina equipada.

La suite imperial cuesta 18 mil dólares la noche. Tiene pileta, gimnasio y ofrece servicio de “sirvientes”.
El complejo de casi mil metros cuadrados tiene, además, diez habitaciones.

Además y como para poder descansar por completo, el servicio incluye la contratación a tiempo completo de ocho “sirvientes” que atendieron a la numerosa familia y se sumaron, claro, a las niñeras contratadas por Pitt y Jolie.

Los seis hijos de Brad y Angelina disfrutaron de la pileta y de la playa privada.
La suite principal cuenta con vista directa a la playa y una terraza privada.

La familia llegó al país el 29 de diciembre en un vuelo privado que, según la prensa internacional, tuvo un costo de 100 mil dólares. El plan era simple: pileta y playa. Según consignó la revista UsWeekly, la familia también alquiló un yate privado para navegar por las cristalinas aguas asiáticas e hizo esporádicas visitas al shopping más cercano.

Esta es la terraza de la habitación en la que se hospedaron los actores.
El living, cálido, presenta una fusión de estilos: estructura oriental, detalles occidentales.

Pero no todas fueron compras. Además de jugar al minigolf (una de las reconocidas obsesiones de Pitt), Jolie llevó en reiteradas oportunidades a sus hijos al templo budista Chalong, ubicado a treinta cuadras del hotel.