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#144 Violencia de género

Latinoamérica y la erradicación de la castración femenina

Colombia es el único país latinoamericano donde persiste esta sangrienta y aberrante práctica en los grupos aborígenes, a pesar de su prohibición. La comunidad colombiana de los Emberá aún la realiza y su dirigente se reunió con la gobernadora zonal, quien lo instó a evitar tal práctica y erradicar la costumbre.  

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La ablación o  mutilación genital femenina comprende todos los procedimientos que, de forma intencional y por motivos no médicos, alteran o lesionan los órganos genitales femeninos. Si bien se identifica con el Islam, está extendida a varios países de África, Asia y Medio oriente. La ONU ha hecho un llamamiento a la imperiosa necesidad de tomar medidas para detener esta horrenda costumbre arraigada estos países.

 

Detrás de lo que de generación en generación los aborígenes Emberá llamaban “curación” se escondía una dolorosa realidad que muchos creían patrimonio exclusivo de algunos países africanos y el sudeste asiático, una práctica cuyo significado cultural aun no está clara en esta comunidad aborigen de Colombia, aunque muchos la ven como una forma de purificación o limpieza.

Adolescentes de la comunidad Emberá. 

Más de 3 millones de niñas en todo el mundo son sometidas a la sangrienta costumbre de mutilación genital femenina.  Y alrededor de 145 millones de mujeres en total sufren las consecuencias. Para 2030, según las tendencias, al número de niñas mutiladas, podría ascender a 86 millones.  Números escalofriantes, teniendo en cuenta que produce daños físicos y psicológicos en la mujer, al extremo de poder ocasionar la muerte.

Es un rito de pasaje de la niñez a la vida adulta, aunque se realiza en niñas pequeñas, desde los 4 años y antes de que tengan su primera menstruación. También tiene que ver con conservar la virginidad y evitar el placer hasta el momento de casarse. Son heridas peligrosas, e irreversibles, tanto física como psicológicamente para las mujeres.

 

En el caso de los Emberá, el proyecto incluye trabajar tanto con los hombres y las mujeres, y dialogar con las parteras, que son quienes, de generación en generación, irán desechando la aberrante práctica, que ocasiona incluso futuros problemas para las mujeres en el momento del parto. Ni ellos mismos tenían en claro su significado y lo veían como una forma de purificación. En su caso, lo habrían heredado de inmigrantes europeos.

 

 

 

Según datos de la OMS (Organización Mundial de la Salud):

Son procedimientos que no aportan ningún beneficio a la salud.

Se trata de una violación a los derechos humanos de mujeres y niñas.

Pueden producir hemorragias graves y problemas urinarios, y más tarde pueden causar quistes, infecciones, infertilidad, complicaciones del parto y aumento del riesgo de muerte del recién nacido.

En algunos países, como Nigeria, la prohibición ya se ha hecho efectiva,. En Egipto, en cambio, pese a que se ha prohibido desde 2008, las ablaciones continúan. Hay mucho camino aún por recorrer en la erradicación de esta horrorosa costumbre que vulnera los derechos humanos básicos y los de la mujer en particular.