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Guía Minitah para enfrentar problemas con el auto

Todo bien con los informes que dicen que las mujeres cometemos menos infracciones, pero el dato no contempla que si se nos apaga el auto, nos agarra un ataque y sólo queremos sentarnos a llorar en el cordón de la vereda hasta que alguien se haga cargo de la situación.

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Si tu auto de repente se pone en pausa sin un motivo aparente, tranquila, ¡por favor, tranquila! Antes de descender a los niveles de la desesperación, recordá estos procedimientos. De los mantras nos ocuparemos en otra ocasión.

Se te pinchó una goma, reina

Si el auto empezó a tambalear por una pinchadura de neumático, te vas a dar cuenta. Bajate y verificalo. Si no es grave, la presión de aire de la goma va a disminuir gradualmente, por lo que vas a tener tiempo para llevar el auto a la banquina o cerca de la vereda. Por más nerviosa que estés, ¡no olvides prender las balizas! No seas colgada y cada tanto chequeá tu rueda de auxilio. Si te pasa lo peor, que es que te reviente la goma, (la del auto, ¿no?) llévalo de manera gradual y sin pisar el freno a fondo, a un lugar seguro donde hacer el cambio. Qué susto el estallido, ¿no? Respirá hondo.

Si hace “puf”, se detiene y no es la goma, chequeá los indicadores del tablero:

Cuando ponés el auto en marcha, todas las luces del tablero se prenden por un par de segundos, señalando que los indicadores encienden. Si esas lamparitas se te queman no tenés forma de saber si hay alguna anomalía. O sea, vigilá que anden siempre.

 

Si te marca que falta aceite:

Frená y mirá debajo del auto a ver si hay una mancha de aceite en el suelo. En ocasiones hay un charco bajo el motor, pero puede ser del aire acondicionado o la misma condensación, así que evitando el rictus de asco, chequeá por tacto y olor si la manchita es de aceite, efectivamente. Si es así, controlá si es una pequeña fuga o si pierde mucho, lo cual puede ser grave porque tal vez se haya quemado una pieza del motor.

Así, te asegurás ayuda. Pero sui no llevas esos tacos, leé toda la nota.

Levantá el capó y con una varilla medí el nivel de aceite en su depósito. Con esa varilla te darás cuenta si está entre el mínimo y el máximo. Si perdió mucho, lo mejor es que le avises a la grúa. Es posible que puedas hacer andar el tutú un poco más, pero es un riesgo grande porque podés arruinar para siempre algunas piezas que no funcionan si no están correctamente lubricadas.

Si se enciende la luz testigo de la batería, es necesario detenerlo y revisar las correas (o pedirle a algún amable caballero que lo haga).

 

¡Verificá frenos! Sólo con presionar el pedal podés corroborar que funcionen. Si el pedal se va hacia el fondo, usá el de mano y controlá el nivel de líquido de freno. Si no frena, ¡no grites! Meté una marcha más baja gradual, dejá de pisar el acelerador y pisá el embriague. De quinta a cuarta, por ejemplo. Luego a tercera. Así vas bajando hasta que el carro se detenga por completo y puedas llamar al auxilio. En el proceso, poné las luces de emergencia para que el resto de los que circulan estén prevenidos ante cualquier maniobra extraña.


Si levanta mucha temperatura:

"Ante todo, ¡estacionalo! Apagá el motor y abrí las puertas o ventanas. Con mucho cuidado para evitar quemaduras, abrí la tapa del capó para enfriar el motor. Más paciencia. Recién entonces abrí la tapa del depósito para reponer el líquido refrigerante perdido, controlá correas, y si enciende o no el electroventilador", dice Fabio Milan, mecánico de autos y caballero paciente.

 

Y por último, baby, el wasap de tu mecánico amigo bien agendado en tu celu.