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Felices mientras podamos

8 cosas que las parejas felices saben que no deben hacer

¿Por qué hay matrimonios que llevan años de compromiso y, más allá de los vaivenes de la vida, siempre tienen mantienen una buena química? Posta, ¿habrán pactado con el diablo?

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Hace unos 6 millones de años, nuestros antecesores monos bajaron de los árboles, vivían en comunidades y lo normal era la poligamia: una hembra mantenía relaciones con varios machos, y ellos competían despiadadamente para quedarse con todas. Bueno, después de preguntarte por qué no naciste hace 6 millones de años, volvamos a nuestra monogámica era y preguntémonos: ¿qué hay que evitar para poder tener algo parecido a la felicidad en una relación?

 

1. Desalentarse mutuamente: “¿A esta altura de tu vida vas a hacer un curso de stand up?”.

Nada menos amoroso que eso y nada peor que la competencia. Apoyar al otro hará crecer la relación hasta límites insospechados, mientras que lo contrario provocará lucha de egos, en una escalada hacia ver quién da el brazo a torcer.

2. Husmear:¿Por qué esa minita te pone like en cada pelotudez que posteás y cuando ponés algo que tiene que ver conmigo, no?”.

Stalkearle el perfil del Facebook, revisarle el celular, ver a qué hora se conectó por última vez al wazzap es invadir la privacidad y ser víctima de la peor enfermedad: los celos, antesala obligada del desastre. Es montarse un desgaste poco probable de remontar, en vez de montarse uno al otro y disfrutar.

3. Desenterrar el pasado: “Amor, quiero que sepas que antes de conocerte salí con todo el plantel de las inferiores de Vélez.”

¿Para qué contarle lo que hicimos en el verano de 2007? ¿Acaso preguntó? Mejor evitar esos ataques de sincericidio, porque lo más probable es que el otro… ¡ni quiera enterarse! Dejemos la honestidad brutal para las amigas íntimas. La verborragia retroactiva sólo desemboca en el reclamo.

4. Ridiculizar al otro: “Mi gordo no puede dejar de comer helado a medianoche, así nunca va  a bajar esa panza…”.

Jamás hablar mal del otro delante de los demás. Es lindo que las otras perciban que ambos se respetan y se defienden. Si se tropieza en la calle, se come las eses o tiene achaques de viejo, ¡no te rías, guacha!

5. Reprochar: “Claro, como cuando estábamos en la playa y te quedaste dos horas hablando con la minita guardavidas y te olvidaste mi helado”.

Las equivocaciones antiguas quedan atrás, como parte de los errores de los que se aprende, y no como acusaciones que afloran para lastimar. Las facturas tienen fecha de vencimiento. Si no lo dijiste en el momento, ¡alpiste!

6. Comerse el coco:No lo voy a llamar en todo el fin de semana, y si me llama ni loca lo atiendo, así cree que no lo extraño y cuando volvamos me trata mejor”.

¿Andás haciendo cálculos cuando te dan ganas de escribirle? ¿Lo llamás solo cuando encontrás una excusa? ¿Le comentás algo en el Face para provocar una reacción? ¡Llamalo cuando quieras y escribile cuando quieras! La manipulación y la elaboración de estrategias no condicen con la felicidad de una pareja sincera.

¿Para qué contarle lo que hicimos en el verano de 2007? ¿Acaso preguntó? Mejor evitar esos ataques de sincericidio, porque lo más probable es que el otro… ¡ni quiera enterarse!

7. Creer en los cuentos de hadas: Noooo, no fueron felices ni comieron perdices, ¿ok?

Importantísimo: descreer del “y fueron felices para siempre”. Siempre es bueno recordar que no existe el príncipe azul ni la mujer 10 puntos, aunque sea una obviedad. Las relaciones son imperfectas y trabajosas. No pretendamos flotar en el aire todos los días; sí una dosis de encanto y magia cotidianos. La clave: entender que es una tarea continua, lejos de los happy endings de las pelis.

8. Dejar que la relación se estanque. Con el misionero estamos bárbaro.”

Es fundamental no aburrirse. No siempre es necesario hacer el salto del tigre… Es un hecho: detalles como un mensajito amoroso, un abrazo profundo, una mirada entendedora o notitas en la heladera, pueden desembocar en una cama prendida fuego.