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Suelen salir a tomar algo, al cine, se llaman angustiados a las tres de la mañana, se prestan plata, se tiran pedos frente al otro. De repente, se miran y se preguntan: ¿cómo será my friend en la cama?

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No importa ya si existe o no la amistad entre el hombre y la mujer, ¿quién no fantaseó con darle a un amigo o a una amiga? Es muy excitante cruzar el límite, aunque enseguida llega la pregunta: ¿se arruinará la amistad? Y si el sexo no es tan bueno, ¿valdrá la pena probar? Mirando alrededor, bien vale la reflexión: si tanta gente se encamó con alguien que acaba de conocer, ¿cuál es el impedimento para una revolcada con esa persona de confianza que ha prestado su hombro para llorar?

 

 

Si tu respuesta a esta pregunta es “sí, le doy”, es bueno que tengas en cuenta algunas cuestiones:

 

Riesgo de enamorarte

En este caso el amor es una fatalidad que, como riesgo, hay que correr. El orgasmo es una explosión de oxitocina que genera altos niveles de felicidad, así que, atención. De golpe, puede convertirse en amor. Y salvo contadas excepciones, no prospera. Puede que alguno salga con el corazón roto.

 

Harry y Sally derrapan un poco cuando concretan pero lo remontan.

 

Puede hacerse costumbre, tipo una o dos veces por semana

No son novios, no son amantes. Son compañeros sexuales, sin una mínima posibilidad de una perspectiva amorosa. Todo es divertirse e ir en pos del placer sexual y la investigación en ese sentido; una especie de sociedad antropológica por un sexo mejor. También pueden confesarse angustias y prestarse azúcar, si además de amigos son vecinos.

 

Lo mejor es plantear algunas normas

Puede suceder que el cambio conceptual de esa amistad tenga significados diferentes para cada una de las partes. Intentar cubrir un desengaño amoroso, por ejemplo, puede ser un error fatal y desmedido. Hay que encarar la cuestión con naturalidad, no hace falta ponerse el disfraz de otra persona.

 

Si fueron pareja, no vale

Para algunos, especialmente los que se separan en buenos términos, volver a compartir la cama puede ser una buena opción. Si vas a tener un amigo/a con derechos, mejor un pasado de amistad compartido y no una ex pareja que naufragó en el ocaso del embole.

 

Celos y planteos, ¡tampoco valen!

Si después de un orgasmo apoteótico, tu partenaire se acuesta mirando el techo y te dice: “no sabés, me enamoré” y a vos se te cae el mundo, algo no está funcionando. No vale enojarse. Siguen siendo amigos. En el caso de los hombres, su inexistente tacto no puede dejar ese tipo de comentarios para otra ocasión. Una vez que descargaron el tanque, los hombres no pueden hilar muy fino. Las mujeres, por su parte, pueden sentir una horda de confianza tal, que terminen confesando algo de lo que se arrepientan un instante después.

 

Si la cama es una decepción, hay que seguir adelante con la amistad

También puede pasar que el amigo varón sea toda una promesa de desenfreno, pero a la hora de las horas tenga un cosito chiquito y tampoco tenga muy claro cómo utilizarlo, y suponga que porque ella es amiga, ya está todo bien de entrada. O puede que ella se saque el jean y tenga menos onda que un semáforo para juguetear. En esos casos, depende de las ganas y de la fidelidad a la amistad en juego. Sin despreciar, puede resolverse con un: “Bué. Vistámonos y vamos al bar de siempre a tomar una cerveza”.