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Las 8 películas de Disney que más trauman la infancia

Este año Walt Elías Disney cumpliría 115 años. No se sabe si está congelado o no, pero lo cierto es que sus películas marcaron un hito, fundaron un imperio y provocaron, con muchas de sus escenas, un llanto desgarrador en muchos niños que hoy recuerdan, angustiados, cómo sus padres debieron sacarlos del cine (y en algunos casos, mandarlos a terapia). Aquí, algunas:

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Bambi

El pequeño y dulce cervatillo deambula sin rumbo fijo, bajo la nieve, después de que la bala mortal de un cruel cazador acaba para siempre con la vida de su mamá; el huerfanito comprende súbitamente que jamás la volverá a tener con él ni a sentir sus mimos. Es el top de los momentos trágicos. Un horror.

La escena causante de sollozos inconsolables que ni Freud podría remontar.

El Rey León

Un pobre cachorro heredero del reinado de los animales es testigo de la muerte de su padre, en un traicionero fraticidio en el que el padre cae por un precipicio y Simba es acusado por la muerte, que en realidad es perpetrada su tío, el malvado traidor. La música termina de clavar el puñal. Un sádico, este Disney.

 

El Jorobado de Notre Dame

En el marco de la Francia convulsionada del Siglo XVII, Quasimodo, enamorado de la bella gitana Esmeralda, es el primer caso Disney de bullying, en el marco de una gran lección sobre la belleza interior. ¡Tremenda humillación tiene que pasar el pobre jorobado!

Y no, Esmeralda al final no le da bola. Se queda solo.

Dumbo

Son dos los momentos inquietantes: uno es el de la mamá elefanta intentando, sin suerte, tocar al elefantito a través de los barrotes luego de que la capturan, y el otro, cuando Dumbo cae en un recipiente con alcohol y se emborracha, con viaje alucinatorio horrendo incluido. ¡De ahí los elefantes rosas de los viajes de LSD!

Elefantes rosas en ácido.

Blancanieves

Princesa de origen noble, criada bajo engaños e insultos por una madrastra malvada. Niña suave, dulce y amable, ve la belleza del mundo y le cuesta creer que la bruja no la quiera. Cuando el cazador al que le encomiendan su muerte (¡que le arranque el corazón!) le perdona la vida, ella se refugia en la casa de los siete enanitos. Huelgan los comentarios sobre lo que sucedía en esa casa.

Y después se casó con el príncipe, la muy zorra, pero eso no te lo cuentan en la peli.

Cenicienta

Otra princesa, en este caso, rubia. ¿La diferencia de clases, la servidumbre, la explotación de la clase trabajadora? Eso no era nada en comparación con la historia de esa niña cuya madre murió cuando ella aun era pequeña, y crece a la sombra de una madrastra que la tortura, y de sus hermanastras que la desprecian. Sólo un príncipe apuesto le quitaría su pena. Muy discutible, claro.

La madrastra mala onda acecha a la niña. ¿Qué necesidad, no?

 

'Toy Story 3'

A ver, el proceso del crecimiento, ¿tiene que ser una experiencia jodida y lacrimógena? Cuando Andy, el niño protagonista, da un desgarrado adiós para siempre a sus juguetes favoritos, Woody y Buzz, todos juntos despedimos nuestra infancia, con lágrimas en los ojos, abrazados al almohadón del sillón y bebiendo otro trago de whisky con hielo. ¡Devuelvan los Mis Ladrillos!

Las desesperantes miradas abandónicas. 

 

101 dálmatas

Greenpeace mediante, se dieron de baja los tapados de piel pero jamás olvidaremos el de Cruela Devil hecho de cuero de cachorritos. Los dálmatas protagonistas, Pongo y Perdita, son los prolíficos padres de ¡100 cachorros! que deben, durante toda la peli, evitar ser despellejados para convertirse en el nuevo abrigo de la malvada Cruela.  

Igual, amamos la composición que hizo Glenn Close.