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Resiliencia: cómo ayudar a los niños a superar momentos difíciles

Todos los padres desean que sus hijos tengan una vida sin tropiezos, tristeza ni desamores, pero la realidad siempre tiene otros planes. ¿Cómo enseñarle a los hijos a atravesar turbulencias?

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La resiliencia es la capacidad de sobreponerse al dolor emocional y a situaciones adversas, y es abordada desde la psicología positiva -basada en las cualidades y aspectos positivos de las personas- y no desde la psicología tradicional, que estudia las debilidades y patologías. 

Un hijo puede estar pasando un momento de angustia por una pelea entre amigos, un partido perdido o el divorcio de sus padres: lo importante es qué herramientas tiene para enfrentar esas situaciones. Los niños que han desarrollado su capacidad de recuperación son capaces de ser optimistas y mejorar su imagen cada vez que caen. En cambio, los que tienen poca capacidad de resistencia no tienen las reservas emocionales para todo esto.

 

¿Cómo construir resiliencia en los hijos? 

¡Hablando y hablando!

Es verdad que las ocupaciones diarias dejan poco tiempo, pero es fundamental charlar con los hijos y darles un espacio para que cuenten sus preocupaciones. La cena familiar, la hora de ir a la cama, los viajes en auto o una caminata, son grandes momentos para ello. Lo mejor es hacerles preguntas abiertas, y si están en una situación difícil, ayudarlos a pensar opciones, por ejemplo, diciéndoles: "suena difícil, ¿qué hiciste? , ¿lo hablaste con alguien?".

Buscar opciones de comunicación

Los terapeutas conocen métodos alternativos para los niños a los que se les dificulta comunicarse. Si ves que tu hijo no está pudiendo expresarse, podés pedirle que haga un dibujo de lo que le pasa, llevar un diario que ambos puedan leer, o dejar una nota en su habitación, que diga; “estoy acá para que me cuentes como te sentís con lo que te está pasando”. Así, el niño puede sentirse cómodo expresando sus miedos y ansiedades, sabiendo que son escuchados.

 

Compartir la resiliencia propia

Los niños aprenden de los adultos que los rodean; observan, escuchan, y desarrollan un modelo para sus vidas. Aunque no sea fácil, es bueno ingeniárselas para mostrar resiliencia con uno mismo, contarles que se está atravesando un tiempo de estrés o de preocupación. Decirles “tuve un día complicado, me voy a dar un baño para relajarme” o “voy a llamar a un amigo para que me dé consejos”, puede ayudar muchísimo.

¡Buscar ayuda no es de débiles!

Hay que enseñarles que pedir ayuda cuando es necesario, es sano. Contar con amigos, algún familiar o un profesional, tienen que ser herramientas validadas por los adultos, para que los chicos las perciban de esa manera también. Padres, tíos, amigos o un profesor son beneficiosos para que los hijos puedan confiar en alguien mayor.

¡Ellos pueden!

La tentación de resolver los problemas de los hijos siempre está presente, pero es mucho mejor que tengan habilidades para solucionarlos solos. Que tomen sus decisiones, que piensen qué les está pasando y tengan libertad apropiada a sus edades les va a proporcionar mayor autoestima y sensación de control. En caso de hijos pequeños, es bueno no intervenir en una pelea con un amiguito instantáneamente, y observar cómo lo resuelve.

 

¡Tiempo libre y fantasías!

Con las nuevas tendencias, los niños están llenos de actividades, agenda full-full. Dejales un tiempo libre, sin aparatos electrónicos ni actividades pre-programadas; esto los ayuda a explorar sus fantasías, sus sueños, a bucear sus emociones y entender que no todo tiene que estar reglamentado.