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Hizo llorar a un duro vocero del Congreso norteamericano

Ferviente católico, el vocero del Congreso fue el primero en recibir al Sumo Pontífice en el Congreso. Lo hizo en su oficina, donde le confesó que se puso una corbata verde “porque es el color de la esperanza”.En pleno acto se puso a llorar y su imagen dio la vuelta al mundo. 

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“Su Santidad, bienvenido. Estamos realmente muy contentos de tenerlo aquí”. El republicano John Boehner, vocero del Congreso norteamericano, repitió durante toda la mañana que era un día muy grande para él como católico. Por su rol, sería el encargado de recibir al Papa Francisco en el Capitolio. Cuando el pontífice ingresó a su oficina junto a dos obispos, el funcionario norteamericano sonrío, le estrechó la mano y le dedicó esa frase de bienvenida. Faltarían algunas horas aun para la imagen que dio la vuelta al mundo. 

Boehner le confesó al Papa que se puso una corbata verde porque “es el color de la esperanza”.

Como un cumplido, Boehner le contó al Papa Francisco que fue su staff el que lo urgió a vestir una corbata color verde. El norteamericano y el argentino se comunicaron a través de un intérprete, que tradujo: “Dice que es el color de la esperanza”, según informa el Daily Mail. El político es un ferviente católico y fue monaguillo en su juventud. 

 

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Posted by Speaker John Boehner on Jueves, 24 de septiembre de 2015

En su web (www.speaker.gov), Boehner se mostró emocionado. También dio detalles de la entrevista que mantuvo con el Sumo Pontífice en su oficina. Francisco fue invitado a recorrer la biblioteca del Congreso, donde bendijo una edición de la Biblia de San Juan, que fue entregada a la biblioteca por la Abadía y Universidad de San Juan en homenaje a la visita del Papa. 

Boehner invitó al Papa a recorrer la biblioteca del Congreso, donde bendijo una biblia. 

Desde que fue nombrado en su cargo en 1990, Boehner invitó a tres Papas al Congreso. El primero en aceptar fue Francisco. Por ese motivo, el hombre -un duro de Ohio- no pudo contener sus lágrimas y tuvo que sonarse los mocos en más de una oportunidad. Un duro ablandado.