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Insólito: se divorció y se lo ocultó a su mujer por más de 20 años

Christina Villa denunció a su marido por fraude, luego de descubrir que el anciano de 90 años había solicitado los trámites de divorcio dos décadas atrás y luego de sólo cuatro meses de matrimonio. Ella le reclama ahora 500 mil dólares.

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Matrimonios y algo más. Christina Carta Villa denunció a su pareja, Gabriel Villa, por fraude, después de descubrir que había llevado adelante un juicio de divorcio en secreto hace más de dos décadas. El anciano, de ahora 90 años, viajó a República Dominicana y contrató abogados que representaron a su por entonces mujer, aunque ella no sabía nada al respecto.

Estuvieron juntos 20 años, pero ella no sabía que se habían divorciado.

Según consigna el diario británico The Sun, Christina descubrió la mentira después de que una notificación de impuestos de la ciudad de Nueva York llegara a sus manos. Al leerla, la mujer de 59 años se enteró de que no figuraba como propietaria de los bienes del empresario, con quien creyó estar casada por más de dos décadas.

“Me di cuenta de que durante todos estos años de felicidad, incluso en los momentos más difíciles que compartimos juntos, mi marido me mintió. Me lastimó muchísimo.

Después de contratar a un detective privado, la mujer descubrió que luego de cuatro meses de matrimonio su marido viajó al país centroamericano para anular la unión y alegó ante el tribunal que su mujer era “inaguantable”. La sentencia le permitió al hombre, además, quitarla de su testamento.

Christina era profesora de literatura italiana en la Universidad de Boston y dejó su trabajo por su marido.

Me di cuenta de que durante todos estos años de felicidad, incluso en los momentos más difíciles que compartimos juntos, mi marido me mintió. Me lastimó muchísimo”, justificó Christina, quien ya inició la demanda por fraude y reclama el 50 por ciento del departamento de un millón de dólares, que su marido quería dejarle a la hija que tuvo durante su primer matrimonio.

Indignada, la mujer también recordó a la prensa que ella abandonó su puesto como profesora de literatura italiana en el Boston College para acompañar a su marido, un exitoso abogado y agente de viaje.