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Policiales Fin de año en casa

La vida de Barreda en Tigre, entre los escraches y los pedidos de autógrafos

Estaba preso en Olmos. Tiene 79 años y el 15 de noviembre de 1992 mató a escopetazos a su esposa, sus dos hijas y su suegra. Su abogado no quiso decir dónde vivirá.

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Ricardo Barreda pasará fin de año en libertad. La Sala I de la Cámara Penal le otorgó la libertad condicional al odontólogo que el 15 de noviembre de 1992 mató a escopetazos en La Plata a su esposa, sus dos hijas y su suegra. Estaba preso en la cárcel de Olmos después de que tuviera problemas de convivencia con su novia Berta André, que murió este año.

Barreda tiene 79 años. “Va a vivir en la provincia de Buenos Aires, no diremos dónde para evitar el asedio periodístico”, dijo su abogado Eduardo Gutiérrez. En esta etapa, Barreda estuvo preso un año. Para liberarlo, la Justicia le había pedido que presentara a una persona como garantía para que lo alojara en su casa.

No se sabe dónde vivirá Barreda. Quizá sea en La Plata.

 Su relación con Berta

“El viejito es gruñón pero en el fondo es un tierno incurable, es un niño en cuerpo de viejo”, dijo una vez Berta “Pochi” André. Ricardo Barreda, por entonces su novio, no la miró: prefirió darle de comer a sus dos cotorras y hablar con ellas. Durante siete años, “Pochi” convivió en su departamento de Belgrano con el odontólogo que mató a su familia. Lo conoció en la cárcel y en 2008, cuando él salió en libertad, lo llevó a su casa. Hace ocho meses lo acusó de maltratarla (le decía “Chochán”) y el femicida volvió a la cárcel. Berta murió en julio, a los 78 años. 

Berta y Barreda, en la playa. Les gustaba irse de vacaciones a Mar del Plata. Foto: Revista Gente.

Berta murió en un geriátrico de San Martín, según informó el periodista Mauro Szeta en C5N. La mujer, una docente jubilada que recorría las cárceles por su perfil solidario, sufría una enfermedad neurológica progresiva. Gracias a ella, Barreda pudo vivir una impensada segunda vida: salía a pasear por Belgrano, firmaba autógrafos a algunos hombres y hasta hubo mujeres que se sacaron fotos con él, como si fuera una celebridad. En sus caminatas hablaba con sus vecinos, se subía al subte o al colectivo, iba al cine, al zoológico. Mirar jirafas y elefantes lo relajaba. Pero la relación con Berta fue rompiéndose poco a poco, aunque por momentos parecía olvidar que el hombre que dormía a su lado, el que la criticaba porque engordaba y se la pasaba hablando de malas noticias, el que le decía chochán y la creía incapaz de entender una película de Woody Allen, había matado con frialdad a cuatro mujeres.

También gracias a Berta volvió a la cárcel: por una denuncia suya, Barreda volvió a estar preso el 22 de diciembre de 2014, cuando el juez platense Raúl Dalto le revocó la libertad condicional por considerar que era “peligroso” que la mujer viviera con el múltiple homicida. 

Berta y Barreda, en el departamento de Belgrano. Foto: Rodolfo Palacios.

Extraña pareja

Berta pasó los años que vivió con Barreda en su propio mundo, supuestamente enamorada de un hombre odiado por la mayoría de las mujeres. Un hombre que luchó en vano para recuperar la casa de La Plata donde las mató. Su fantasía era vivir en ese lugar: volver a ejercer como dentista, salir a pasear en el mismo Falcon verde con el que se deshizo de la escopeta. Cocinar en la misma cocina donde empezó su cacería mortal. Quería ser el mismo que vivió en esa casona en 1992. El mismo, pero sin ellas. 

Barreda no se quedó solo. A los pocos meses de estar en la cárcel, una mujer llamada Yolanda le propuso llevarlo a vivir a su casa, como había hecho Berta. Pero la Justicia lo rechazó. 

Barreda le decía Chochán. Para la Justicia, era peligroso que siguiera viviendo con Berta.

Escenas de la vida conyugal

Una noche de invierno de 2012, Barreda tomaba vino en silencio y comía una picada amarreta: unos pocos palitos, un puñado de papas y tres o cuatro fetas de queso. Su novia Berta dormía en su pieza.

Chochán se la pasa durmiendo – dijo Barreda con la boca llena. 
   Barreda solía llamarla de ese modo despectivo. Como si buscara vengarse del apodo que supuestamente había elegido su familia: “Conchita”. Quienes fueron testigos de la relación entre Barreda y Beta dicen que no parecían novios: nunca un beso, una caricia, un abrazo, ni un gesto de afecto. "¿Para qué ir al cine con Chochán si Chochán no entiende?", respondió un día cuando un amigo le preguntó porque no la llevaba a ver una película de Woody Allen. 

“Chochán se la pasa durmiendo

Otro día, Barreda dijo malas palabras y Berta le llamó la atención:

–¡Pero Ricardo! ¡Qué boca sucia! 

–Tranquila, chochán.

–Qué hombre tremendo. Me dice chochán.

–Chocán, chochán, chochán.

–Bueno, viejo, andate con otra.

–Sí, pibas de 24 me gustan.

–Es verdad. El otro día viajó a La Plata para hacer un trámite y volvió con una colombiana.

–Amiga mía. La guié porque no conocía Buenos Aires.

–Sí, a ver si encontrás otra que te aguante como yo.

–Sobran mujeres como vos –dijo Barreda con una sonrisa, como dando a entender que era una broma.

Berta se lo tomó a mal:

–No digas eso, no seas injusto. ¿Y todo lo que hice por vos? ¡Todo lo que hice por vos!

–Era un chascarrillo, mujer.

Barreda, que cuando murió Berta estaba preso en La Plata, recibió la noticia mientras tomaba mate. La mujer que lo rescató del infierno de la cárcel había muerto. La última vez que se vieron, ella le dijo entre lágrimas que no quería verlo nunca más. Cumplió con su palabra.