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Policiales La contracara inexplicable y siniestra del #Ni una menos

Las mujeres que se enamoran de los femicidas

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Ricardo Barreda hizo méritos para ser la contracara siniestra y simbólica del #Ni una menos. En 1992 mató a su esposa, a sus dos hijas y a su suegra, pero a la Policía le dijo que tres ladrones habían entrado en su casa de La Plata y habían dejado “cuatro bultos”. En 2008 salió en libertad y consiguió novia: Berta, una docente jubilada que lo llevó a vivir a su departamento de Belgrano. Hace seis meses, el múltiple homicida volvió a la cárcel por maltratarla. Volvió a ponerse de novio con una mujer 30 años más joven. Hasta que la echó porque apareció en los medios. El caso Barreda refleja una atracción siniestra que ni la psiquiatría pudo explicar: las mujeres que se enamoran de los femicidas.

 

Ricardo Barreda mató con frialdad a cuatro mujeres a escopetazos. 

 


No lideran una banda de rock, no son futbolistas ni galanes de novela. Pero algunos tienen club de fans y reciben cartas de amor. Se hicieron famosos por matar mujeres. Aunque generan rechazo y odio en gran parte de la sociedad, hay asesinos que generaran una inexplicable atracción en las mujeres. 
La enclitofilia no figura en el diccionario de la Real Academia Española pero es el término que el francés Edmond Loccard, pionero de la criminalística, usó a principios del siglo XX para definir la atracción sentimental y sexual que algunas mujeres sienten por los asesinos.
En los Estados Unidas se las llama las Serial Killer Groupies. Los casos más famosos del mundo son los de Charles Manson, Ted Bundy y Jeffrey Dahmer. Los tres asesinos seriales tienen club de fans y son la cara de un merchandising que incluye fotos autografiadas, remeras, tazas y afiches. En la Argentina, puede mencionarse el caso del mayor asesino serial de la historia criminal: en 1980, cuando lo juzgaban por haber matado a balazos a once personas, Carlos Eduardo Robledo Puch, un joven apuesto de clase acomodada, respondía las cartas que le enviaban sus admiradoras.
“La enclitofilia es una parafilia extraña. Esas mujeres reemplazan a otras que fueron asesinadas pero no tienen el temor de que la historia se repita. Los criminales las manejan a su antojo”, dijo el médico legista Daniel Silva. Para el psiquiatra Miguel Maldonado, “sería una desviación del instinto maternal y es probable que estas mujeres se sientan atraídas por el peligro o quieran reivindicar a estos hombres o salvarlos de su destino”.
“Estoy pagando mi pena y no me pueden privar de enamorarme. Mi mujer me ama y sueño con estar con ella toda la vida”, confesó Fabián Tablado. En 1996 asesinó de 113 puñaladas a su novia Carolina Aló y ahora disfruta de su esposa y sus dos hijos.
Para el psiquiatra forense Mariano Castex, titular de cátedra en la Facultad de Derecho de la UBA, hay mujeres que se identifican con la parte humana y sensible del asesino. “Es como si se pusieran en el rol de víctimas. En algunos casos hay fascinación sexual y quieren salvar al asesino y transformar al ‘monstruo’.Ocurría en el Far West: el criminal se salvaba de la horca si aparecía una mujer que estaba dispuesta a casarse con él”. 
¿Un mujer puede enamorarse de un hombre que mató a su esposa y la enterró debajo de la cama? ¿Es posible que una madre sin consuelo termine embarazada del asesino de su hijo? ¿Un temible violador puede causar ternura y amor en una mujer? ¿Cómo una joven puede llegar a admirar a alguien que descuartizó a su novia? A continuación, se encontrarán todas las respuestas a estos interrogantes.


El atroz encanto de los asesinos

 
El chacal de Núñez. El 3 de diciembre de 2005, Claudio Álvarez violó y asesino a Elsa Escobar en una casa del barrio de Núñez, en el norte de la Ciudad de Buenos Aires. Esa noche también violó a la hija de la víctima, de 13 años. Estaba casado con Celeste Hazan, hija de desaparecidos durante la dictadura militar (1976-1983) que lo había conocido cuando él estaba preso en Devoto, donde concibieron un hijo durante una visita íntima. Álvarez, de 30 años, fue condenado el 3 de noviembre de 2006 por ese hecho y por otras cuatro violaciones. En la cárcel, conoció a una joven por chat telefónico y se puso de novio. Se llama Natalia y, más allá de que las pruebas contra el temible violador serial son contundentes, dice que cree en su inocencia. “Es tierno y me protege”, suele decir.
 

Claudio Álvarez, el chacal de Núñez, con una de sus mujeres.

 
El apuñalador romántico. El 27 de mayo de 1996, enceguecido por los celos, Fabián Tablado asesinó de 113 puñaladas a su novia, Carolina Aló en una casa de Tigre, una ciudad bonaerense situada a 40 kilómetros de Capital Federal. La Justicia lo condenó a 24 años de prisión. En prisión, Tablado tuvo dos novias. El 27 de mayo de 1996 se casó en la cárcel de Florencio Varela con la segunda, Roxana, una maestra a la que conoció cuando ella era su vecina y tenía 12 años. El asesino se ocupó de cocinar la torta. Tablado tiene 34 años y goza de salidas transitorias. Fueron padres de mellizos. Suele escribirle cartas de amor y dibujarle ositos cariñosos a su mujer. A Carolina también le escribía cartas.
 
Un asesino admirado. El 15 de noviembre de 1992, el odontólogo Ricardo Barreda mató a su esposa, a su suegra y a sus dos hijas en La Plata, la capital de la provincia de Buenos Aires. Dijo que lo hizo porque lo humillaban y lo obligaban a limpiar la casa. Lo condenaron a cadena perpetua. En la cárcel, Barreda se recibió de abogado y conoció en una de las visitas a Berta “Pochi” André, de quien se enamoró. Ella fue su “garante” para que le dieran arresto domiciliario en su departamento de Belgrano, un barrio del norte de Capital Federal. Ahora goza de libertad condicional: cenan en parrillas de San Telmo, barrio del sur porteño, van al teatro a ver obras de Shakespeare y el asesino firma autógrafos a muchos hombres que le gritan “ídolo” o “aguante Ricardo”.
 
 
La maté porque era mía. Durante ocho años, Mario César Frieiro ocultó un secreto atroz: debajo de su cama estaba enterrado el cadáver de su esposa María Angélica Deluca, a quien había asesinado después de discutir en su casa de González Catán, La Matanza, localidad de Buenos Aires. Sus dos pequeños hijos fueron testigos del crimen, pero él los amenazó para que no hablaran. Freirio se puso en pareja con María Campos y la llevó a vivir a su casa. Años después, uno de sus hijos lo delató. La Justicia lo condenó a 2007 a cadena perpetua. Su segunda mujer, lejos de dejarlo, lo perdonó y no le molestó haber dormido tanto tiempo sobre un cadáver. En el juicio, Campos llevó una remera que decía: “Mario, te apoyamos”. Cuando le preguntaron por qué había enterrado a su esposa debajo de la cama, dijo que “quería tenerla cerca”.
 
 

Amar a un descuartizador. “Son una pareja perfecta”. Así definían sus amigos el apasionado romance que vivían Mohamed D’Ali Carvalho dos Santos, un brasileño de 20 años, y Cara María Burke, una estudiante inglesa de 17. Se habían conocido en Londres y luego se fueron a vivir a Goiania, Brasil. Planeaban casarse y tener hijos, pero una noche, en julio de 2008, Cara descubrió el oscuro secreto de su novio: era drogadicto y vendía droga. Cuando ella amenazó con denunciarlo, Mohamed la golpeó con todas sus fuerzas. La apuñaló y descuartizó el cadáver. Llevaba cuatro días consumiendo crack, cocaína y alcohol. Le sacó fotos al cuerpo desmembrado (“para guardar un recuerdo de mi novia”, declararía tiempo después ante los jueces) y fue a ver un recital con sus amigos. Cuando volvió, escondió los restos en una valija. El 14 de mayo de 2009, el descuartizador de Goiania fue condenado a 21 años de prisión. No está solo: se enamoró de Helen de Matos Victoy, una admiradora. La chica posó en los medios con las fotos de la víctima y dice que está enamorada del asesino. 

Yo caníbal. José Luis Calva Zapata fue un actor y poeta mexicano, pero no trascendió por su talento artístico. Se hizo famoso por ser un tenebroso asesino de mujeres. Su carrera criminal comenzó en 2004 en México, cuando mató a su novia Verónica Consuelo, a quien descuartizó. Luego conoció a Alejandra Galeana Garabito, quien corrió la misma suerte que su anterior novia: la descuartizó. Pero esta vez, cocinó partes de su cuerpo en una sartén y los comió. Al final, lo detuvieron el 8 de octubre de 2007. En la cárcel era visitado por Dolores Mendoza, una joven que se enamoró de él. Se pusieron de novios. “Nunca conocí a ese caníbal del que hablan, sólo conocí a un hombre nuevo”, dijo a los medios. La Policía sospechaba que el llamado “Caníbal poeta” había descuartizado a otras dos mujeres. Se suicidó en la cárcel dos meses después, aunque no se descarta que haya sido asesinado. Zapata escribió diez novelas, ocho obras de teatro y más de cien poemas. En uno de sus libros, escribió: “Dedico a estas palabras a la creación más grande del universo (que soy yo)”. En una de las paredes de su departamento, tenía una foto de Anthony Hopkins en el papel de Hannibal Lecter, el famoso asesino caníbal.

 
Del odio al amor. La historia de María Escobar aún conmueve a Colombia. En 2003, su pequeño hijo fue asesinado de tres balazos por un hombre llamado Ricardo, quien había discutido con Escobar porque ella lo había rechazado cuando él le propuso, cuando se la cruzó en la calle, ir a tomar algo a un bar. Dos años después del asesinato, la mujer fue a seis clases de un taller de “Reconciliación y Perdón”, que estaba a cargo del sacerdote Pedro Narváez. Las lecciones la impulsaron a visitar al asesino de su hijo en una cárcel de Botogatá. El hombre fue condenado a 14 años de prisión. “Por ti perdí a lo que más amaba, pero te perdono”, le dijo la mujer en la primera visita. El asesino lloró sin consuelo y le dijo que su dura infancia (confesó que fue un niño no deseado y que mendigaba en las calles) lo había llevado al delito. Con el tiempo, la relación creció y se enamoraron. Tuvieron un hijo.
 


La boda del estrangulador. El mayor asesino serial de Uruguay, Pablo Goncalvez, está detenido por haber estrangulado en 1992 a tres mujeres: Ana Luisa Miller, Andrea Castro y María Victoria Williams. Por entonces, Goncalez tenía 22 años, era hijo de un diplomático y estudiaba economía en la universidad de Montevideo. El asesino fue detenido y confesó los crímenes, aunque luego denunció que lo hizo bajo tortura. Lo condenaron a 30 años de cárcel. Lo insólito de esta historia es que el 7 de julio de 2005, el asesino serial se casó en la Cárcel Central de Montevideo con Alejandra Prego, una profesora de inglés con quien tuvo un hijo. No es la su única admiradora: Goncalvez tiene un club de fans.