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Policiales El amor en el infierno

Un San Valentín tumbero: cómo se viven las visitas higiénicas en las cárceles

Por qué no todos los presos pudieron vivir el Día de los Enamorados tras las rejas. De la carta de amor del Gordo Valor al audaz ofrecimiento sexual que recibió Víctor Schillaci.

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"Nancy, sos el amor de mi vida", escribió El Gordo Valor en un cuaderno Gloria de tapa naranja. Las manos que parecían moldeadas para sostener y disparar una ametralladora, en los tiempos en que robaba bancos y blindados y fugaba a tiro limpio, ahora se acostumbraron a tomar una lapicera para escribir cartas de amor.

Luis Alberto Valor recibió hoy la visita de su esposa Nancy: pasaron el Día de los Enamorados en una de las piezas húmedas y oscuras del penal reservada para las visitas íntimas, debajo de las sábanas y escuchando el disco La Lengua Popular, de Andrés Calamaro, que el ladrón le regaló a su esposa. El que tiene la canción preferida de ella, con ese estribillo que él repite cuando la ve llegar a la sala de visitas: "...de tu cuadril, no me olvido nunca más".  

El Gordo Valor junto a Nancy, la mujer de su vida, en un festejo por el Día del Niño en Campana.

En las cárceles argentinas no existe San Valentín. Eso quiere decir que hoy no hubo nada especial. Sólo recibieron visitas íntimas los que la tenían programadas. "Yo tuve visita el martes. Hoy no veo ni a loro. Pero algunos muchachos le escribieron cartitas a sus esposas o fueron a la visita con chocolates", dice a BigBang Víctor Schillaci, preso por el triple crimen de General Rodríguez y protagonista de la triple fuga, que está detenido en el pabellón Ingreso B de Ezeiza.

Yo tuve visita el martes. Hoy no veo ni a loro. Pero algunos muchachos le escribieron cartitas a sus esposas o fueron a la visita con chocolates", dice a BigBang, Víctor Schillaci. 

Schillaci junto a su esposa Mónica, en otros tiempos.

"A Moni le voy a regalar un bombón y el mejor beso que pueda darle", dice Schillaci. Ya no piensa en fugas ni en vértigo. Cuando se escapó, su mujer tuvo una hija suya. La conoció días después de la famosa recaptura.

Schillaci estuvo dos semanas prófugo junto a los hermanso Martín y Cristian Lanatta.

–¿A partir de la triple fuga se le acercaron más mujeres?

–Sí, eso siempre pasa. Pero pierden el tiempo. No buscan al que soy, buscan al de la foto. Esto no es una película. Y a mi mujer nunca la voy a traicionar. El otro día me mandó un mensaje una travesti.

–¿Qué le dijo?

Me preguntó si estaba solo, que estaba dispuesto a segundearme, a estar conmigo. Se puso a disposición.

–¿Cuál fue su respuesta?

–¡No respondí!

El origen del amor entre rejas

En la década de 1950, el por entonces director del Servicio Penitenciario Nacional, el peronista Roberto Pettinato, padre del músico y conductor, introdujo -entre otros beneficios para los condenados- las visitas íntimas o higiénicas para los casados. 

–Antes era duro. El paria, el que no tenía ni siquiera la Playboy para recrear la vista, se la tenía que rebuscar con los travestis. Nos cobraban con estampillas de correo. Como no tenía ni siquiera eso, un día las recorté de una carta que me había mandado mi vieja. Algo es algo.

El que habla es un viejo ladrón que sufrió las penurias del encierro durante más de diez años. 

Pettinato padre, durante una visita a los presos. También eliminó el uniforme.

Acceso al amor

Para acceder al derecho de las visitas íntimas, las cárceles bonaerenses y federales establecen tres requisitos:
 

  • Acreditar la relación afectiva, previa a la detención, mediante presentación de certificado de concubinato o libreta de matrimonio.
  • El certificado de concubinato lo emiten los juzgados de paz correspondientes por domicilio, y en la CABA también los CGP.
  • Si la relación afectiva fue iniciada con posterioridad a la detención, la visita íntima les será autorizada siempre que la vinculación sea de 6 meses como mínimo.
No todos los presos tienen visita íntima.

El truco del chat sexual

“La visita higiénica puede durar hasta dos o tres horas. En el pabellón se arma una especie de hotel alojamiento. Una pieza con cama. Los mismos presos manejan el tema. El que paga más plata, puede tener sexo más días y más horas”, dice a BigBang la mujer de un preso. 

“La visita higiénica puede durar hasta dos o tres horas. En el pabellón se arma una especie de hotel alojamiento.

El capellán de la cárcel de Sierra Chica, Pedro Oliver, había denunciado que la capilla del penal era usada como “hotel alojamiento” para los presos que coimean a los guardias. Muchas veces, el pago lo hace el abogado del preso o algún familiar.}

En Sierra Chica, algunas visitas sexuales eran en la catedral del penal.

Algunos detenidos hasta cambian de mujer todos los meses. "Me meto en los chats telefónicos o mando cartas a una revista y me vienen a ver. Por año estoy hasta con siete chicas distintas", dice un ladrón de bancos. 

Hasta Jorge Mangeri, el portero condenado por matar a Angeles Rawson, tiene visitas higiénicas. Su esposa, Diana Saettone, lo visita religiosamente todas las semanas.

Mangeri está preso en Ezeiza.

"Le creo, él es inocente y el amor nunca va a morir", le dijo la mujer a BigBang.

La esposa de Mangeri espera entrar en la cárcel de Ezeiza.

"Por el Gordo hice de todo", dice Nancy, la esposa de Valor. Antes de cada visita íntima en Campana, lleva una carpita, la pone en los pastizales y pasa la noche ahí. Ella siempre quiere ser la primera en entrar. Y la última en irse.

El amor, siempre, es más fuerte.