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Política una obra olvidada

El Monumento al Descamisado, la obra que Macri nunca imaginó

En 1951, Eva Perón concibió la obra más grande dedicada al movimiento. “Que sea el mayor del mundo”, le pidió a su escultor favorito. Cuando murió, su esposo reconvirtió el proyecto en un homenaje a la “abanderada de los humildes”. Todo se frustró con el golpe del 55.

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Esta tarde, Mauricio Macri inauguró en la ciudad de Buenos Aires un monumento a Juan Perón. Un asunto que dispara pensamientos y sentimientos en todas las direcciones imaginables. Y que invita a mirar hacia atrás, cuando el peronismo tuvo una de sus ideas más megalómanas y tiernas al mismo tiempo.

Se iba a llamar el Monumento al Descamisado -o Monumento al Trabajador- y lo concibió Evita en 1951. Bajo la gigantesca estatua de un trabajador, una tumba guardaría, literal, los restos de un descamisado.

La “abanderada de los humildes” se había inspirado en una visita a Les Invalides, en París, donde descansan los restos de Napoleón. Al italiano León Tommasi, su escultor favorito, le exigió:

- “Que sea el mayor del mundo. Tiene que culminar con la figura del Descamisado. En el monumento mismo haremos el Museo del Peronismo. Habrá una cripta para que allí descansen los restos de un descamisado auténtico, de aquellos que cayeron en las jornadas de la Revolución. Allí espero descansar también yo cuando muera.

Comparación en un diario de la época.

Con 137 metros, sería casi tan alto como la catedral de Notre Dame. La base, de 100 metros de diámetro, superaría al Luna Park. “Contaría con escaleras helicoidales y 14 ascensores, tantos como las extintas Torres Gemelas neoyorquinas, y un sarcófago de 400 kilos de plata”, describió una nota de Radar el 10 de octubre de 2004.

Sería una obra visible en toda Buenos Aires.

El descamisado mediría 67 metros y pesaría 43.000 toneladas. Era “un viril trabajador, esbelto, sobrio, aseado, delante de su herramienta –un yunque–, con la camisa arremangada y puños firmemente apretados”.

del descamisado a eva

La muerte de Evita cambió los planes: el 26 de junio de 1952, la Cámara de Diputados aprobó una ley para el Monumento a Eva Perón. Debía terminarse en dos años y tener réplicas en la capital de cada provincia.

Evita se levantaría en mármol de Carrara, con dos trabajadores a sus pies. La cripta alojaría su sarcófago de plata. En la base del monumento, abriría una basílica laica para su veneración.

El monumento a Eva también sería impactante.

El proyecto contemplaba tres puertas de bronce con bajorrelieves de la Argentina: “socialmente justa”, “económicamente libre” y “políticamente soberana”.

También un salón grecorromano con paredes de mármol, rodeado por frisos y columnas, con techo alto de cúpula revestida de mosaicos con pepitas de oro.

En la base del monumento, una basílica para “la abanderada de los humildes”.

Los cimientos se hicieron con 400.000 kilos de hierro y 4.000 metros cúbicos de hormigón. Todavía están ahí, en el hueco dejado por la primitiva cancha de River, entre Libertador, Figueroa Alcorta, Tagle y Libres del Sur.

Todo volvió a frustrarse con el golpe militar de septiembre de 1955. La “Libertadora” tiró al Riachuelo las esculturas que había terminado Tommasi. Décadas después, las rescataron obreros de Obras Públicas, para llevarlas a la ex quinta 17 de Octubre de Perón.

Los restos de las estatuas.

Las estatuas representaban a los pilares justicialistas: La Independencia Económica, El Conductor, El Justicialismo, La Razón de mi Vida y Los Derechos del Trabajador. Los mismos que esta tarde reivindicó el heredero de una de las familias más poderosas de la historia argentina.